Una jornada particular

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Desde que me jubilé no paro de sorprenderme. Hace pocos días me alegró ver que el mercado laboral aún cuenta conmigo. La propuesta me llegó gracias a un correo electrónico de la empresa Caree Archer. Una oferta de trabajo imposible de rechazar: un puesto como aparcacoches con un sueldo estratosférico de 7,82 €/hora. Ofertas mejores he rechazado, así que seguiré dedicándome a las tareas propias de un jubilado, entre las que se encuentra ir al gimnasio.

La presión que la sociedad ejerce sobre nuestro colectivo para que frecuentemos estos espacios que los griegos idealizaron, es tremenda. La última táctica ha consistido en concienciarnos, en contra de la instrucción recibida, de que no es suficiente con caminar para aumentar la longevidad; ahora es necesario hacer ejercicios de fuerza. Ante esta aseveración solo hay dos alternativas: o estar una hora diaria subiendo y bajando pisos con una garrafa de Aquaservice de 25 litros en cada mano, o ir al gimnasio y evidenciar al mismo tiempo que soy una persona que se cuida. A primera hora de la mañana suelo coincidir con los mismos usuarios, siendo el grupo de los jubilados el más numeroso. Son un pozo de sabiduría, que verbalizan principalmente en el vestuario. Totalmente desnudos, aunque con la toalla en la mano, mantienen conversaciones muy instructivas. De ellos he aprendido que en casa podría tener un máximo de siete gallinas. Más gallináceas no están permitidas por las ordenanzas municipales. Un gimnasta fue denunciado por un malvado vecino. Al presentarse la policía en su domicilio y hacer inventario, contabilizó ocho ejemplares. Lejos de multarle, le convino a desprenderse de una de las ponederas. Según el narrador, convenció a la autoridad de que él estimaba a las ocho aves por igual, acusándole de obligarle a sacrificar una de ellas, o a buscarle un nuevo domicilio. Cada gimnasta mantiene su monólogo. Simulan una conversación entre ellos, pero en realidad cada uno cuenta su historia que, por regla general, no tiene nada que ver con el resto de hilos. Tener pavos reales en casa parece que es muy problemático: son muy ruidosos expresándose. El poseedor de uno de ellos no aconsejaba ese animal de compañía. Otro tema muy manido, fútbol aparte, es la cantidad de kilómetros que son capaces de hacer con una bicicleta eléctrica, aunque la narración se entretiene más en la parte gastronómica y en el control del índice de glucosa en la sangre. Suelen ser muy metódicos en sus mediciones, disponiendo de todo tipo de aparatos que les permiten conocer en cada momento el nivel del indicador. Se quejaba uno de que al terminar una salida en bici se le había disparado el índice, a lo que alguien sugirió que sería por culpa del almuerzo. La respuesta fue inolvidable. Nada del otro mundo: dos tostadas con ajo y tomate, una butifarra, unas chuletas de cordero, vino y un carajillo, a lo que un contertulio concluyó que los hidratos son muy malos para la salud. De momento no corro peligro. Procuro colocarme lejos de cualquier grupo y hago caso omiso de las invitaciones a participar que, en forma de mirada soslayada, me dirige alguno de vez en cuando mientras hace su declamación. Temo caer en desgracia y que cualquier día me tiendan una emboscada simulando un accidente al dejar caer, en uno de mis escafoides, una rueda de esas de 25 kilos, mismo peso que las garrafas. Como no tengo musculación a recuperar dado que no se puede volver a poseer lo que nunca se ha tenido, la mayor transformación que estoy experimentando es un entumecimiento de los dedos de las manos, consecuencia de tanto hacer fuerza, que se refleja en la pérdida de agilidad cuando aporreo el piano. Me estoy temiendo que al final tendré que optar entre el gimnasio o Bach.

El gimnasio y Bach me recuerdan uno de los temas que más repulsión ha generado los últimos días: la violación repetida de una niña de 12 años ofrecida por Internet a otros violadores. La niña vivía en un centro de menores de la Generalitat de Cataluña y estaba en situación vulnerable por «baja autoestima». Ya de por sí una violación es un acto abominable, pero hacerlo a menores es de gente sin escrúpulos, cruel, despreciable, asquerosa, criminal, despiadada, malvada y perversa; me faltan calificativos. Eso es lo que le pasó a James Rhodes que, de los seis a los diez años, fue violado de forma repetida y salvaje por su profesor de gimnasia, Peter Lee, en un cuchitril sin ventanas de un colegio londinense.

Escribió un libro, Instrumental, que compré por su atractivo subtítulo, sin saber nada más de su autor: Memorias de música, medicina y locura ––devoro todo lo que puedo referente a la música––. Rhodes, estructura Instrumental en veinte capítulos ––cada uno lleva por título una pieza musical–– y un epílogo. Tiene, en Spotify, una lista elaborada por él mismo con los temas que aparecen en su libro. Además de ser una delicia para los amantes de la música, nos explica cómo fue violado por su profesor de gimnasia, y de qué manera un casete, con una grabación de la adaptación de la Chacona final de la partita nro. 2 para violín, en arreglo para piano de Ferruccio Busoni, salvó su vida. Su violador falleció antes del juicio, y la edición del libro tuvo que ser defendida en los tribunales por oponerse su mujer a su publicación, aduciendo que el hijo de ambos se resentiría. Las violaciones tuvieron como consecuencia trastornos alimenticios, daños en su columna vertebral como consecuencia del peso del violador en su espalda, trastorno por estrés postraumático, trastorno de identidad disociativo. Alcohol, drogas y autolesiones con cortes en los brazos provocaron su ingreso en un hospital psiquiátrico perdiendo también la custodia de su hijo. Existen problemas de salud auténticos y no deberíamos incluir los disgustos en esta calificación.

James Rhodes se convirtió en un destacado pianista y en un gran divulgador de la música clásica. El 5 de noviembre de 2017 actuó en el auditorio de Sant Cugat del Vallés y por supuesto estuve ahí. Desde ese mismo año reside en Madrid. En diciembre de 2020 el Gobierno le concedió la nacionalidad española por carta de naturaleza como premio por su tesón y dedicación en llevar a buen término la que se denominó «Ley Rhodes«, provocando una avalancha de insultos y recriminaciones tanto en prensa como en redes.

La «Ley Rhodes», también conocida como Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia Frente a la Violencia, es una ley española que tiene como objetivo proteger a los menores de edad de la violencia. La ley fue aprobada en 2021 y lleva ese nombre en honor al pianista James Rhodes, quien sufrió abusos sexuales en su infancia y fue un activista por la protección de la infancia. La ley establece medidas para prevenir la violencia contra los menores, como la capacitación de personal, la creación de protocolos de actuación y la promoción de la educación en materia de derechos. También establece medidas para proteger a las víctimas, como la asistencia psicológica y jurídica, y la reparación del daño. La ley también amplía los plazos de prescripción de los delitos de abuso sexual contra menores, para que las víctimas puedan denunciarlos incluso después de la mayoría de edad. 

Rhodes también se ha distinguido por acercar la música clásica a los jóvenes. En sus conciertos viste tejanos, zapatillas deportivas y camisetas, y sus actuaciones tienen precios asequibles. Ha publicado numerosos libros. El último lleva por nombre Made in Spain. Un canto al país que le ha recibido con los brazos abiertos.

Mientras tanto, y como no paro de leer que debemos exteriorizar nuestros sentimientos (supongo que se referirán a los positivos), me he comprado una camiseta con la inscripción «I ❤️ Bach», aunque por más alto que ponga el volumen de su música en el móvil nunca puede con la play list del gimnasio; excepto cuando J.S.B. saca viento, coro y timbales al unísono.

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12 comentarios en “Una jornada particular

  1. Agusti no te pierdas. Si haces cosas que todo el mundo hace tu magnifico bagaje intelectual se ira al garete. Siempre me das trabajo: voy a por Rodhes de inmediato.

    Felicidades, veo mucha mejor estructura en tus articulos. Estas resultando un gran alumno

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    • Gracias Toni por ser un lector incondicional y por tus ánimos. Vamos a ver si cojo el ritmo de publicar con mayor frecuencia. Mi último curso está terminando y dejaré de tener deberes 🙂 En realidad, estos cursos no enseñan gran cosa. Lo mejor que sacas de ellos es que te obligan a escribir y la práctica te hace mejorar.

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  2. Consigues pasar de la comedia del gimnasio al drama de los abusos a través de Bach. No está mal. Buena lectura de domingo. Gracias!

    Y un consejo te doy. Cambia de gimnasio!😝

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  3. Lectura montaña rusa, con los comentarios del gimnasio, parecia que estaba escuchando a Buenafuente, igual te ofendo, pero yo soy fan.

    Y pasamos al drama de los abusos, aunque con un atisbo de esperanza.

    Un abrazo

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    • Muchísimas gracias por leerme y por tomarte la molestia de comentar. Compararme con Buenafuente para nada es ofender, sino más bien todo lo contrario. Rhodes, hace mucho hincapié en no llamarlo abusos, puesto que es una palabra que suaviza la atrocidad. Son violaciones. Un abrazo fuerte.

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  4. Disfruté mucho de este post a pesar de la mala noticia: me veo obligado a renunciar al sueño de tener más de 7 gallinas en casa. Anoto la recomendación de Instrumental a la lista de siguientes lecturas (parece duro pero muy interesante). Gracias!

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  5. No conozco pianistas que hagan pesas cogiéndolas con las manos, tú mismo… Lo de las gallinas también vale para gatos y perros, o conejos. En fin, gracias por la reflexión y sigue fijándote en las cosas pequeñas de la vida qué acaban siendo la que más influyen.

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    • Buena reflexión lo de las pesas y el pianista; viene a ser algo así como un oxímoron, pero, ¿cómo hacemos para mantener la musculatura? Verdaderamente es un problema. Agradezco tus consejos y, principalmente, tu comentario y leer este blog de poco peso.

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