Edadismo estúpido

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«La edad es una de las primeras características que observamos en otras personas. El edadismo surge cuando la edad se utiliza para categorizar y dividir a las personas por atributos que ocasionan daño, desventaja o injusticia y menoscaban la solidaridad intergeneracional.» Esta es la definición que la OMS hace del edadismo.

Estar jubilado, en contra de lo que pudiera parecer, puede ser maravillosamente agotador e incluso formidablemente estresante, hasta el punto de no disponer de suficiente tiempo para actividades que permanecen, silentes, en la lista de «cosas pendientes» (odio lo del «to do» aunque sea más ergonómico). No obstante, percibo que existe la sensación de que los jubilados nos aburrimos, que pasamos las jornadas mirando obras o series, o caminando con un palo en cada brazo mientras vamos de terraza en terraza. Mi experiencia en el colectivo es relativamente reciente, aunque después de calcular mentalmente el tiempo transcurrido desde que dejé de hacer cosas a cambio de dinero, no lo es tanto: ya van tres años; tiempo suficiente para haber experimentado en piel propia algunas situaciones de edadismo.

La primera vez que sufrí las consecuencias de haber cambiado de bando fue al leer, en un grupo de WhatsApp, lo que un amigo escribía, un día tras otro: «estoy trabajando para pagar la pensión de Agustí». Ahora sigue pagando mi pensión, pero a mí ya no me ve el pelo, metafóricamente hablando. La segunda ocasión sucedió esta semana.

Me había matriculado, en enero, a un curso de escritura creativa más serio que esos cursos exprés que solo sirven para venderte uno más amplio: una clase semanal de dos horas en la que podíamos participar presencial o telemáticamente. Cansado de tanta videoconferencia en mi vida laboral, elegí la primera opción. El grupo quedó compuesto por cinco integrantes: tres hombres en edad de jubilación y dos mujeres en edad laboral. Dos jubilados presenciales, un tercero que alternaba ambos métodos y dos trabajadoras telemáticas. Las clases eran matinales y, en consecuencia, la probabilidad de que hubiera gente en el mercado laboral era sensiblemente inferior a la de que hubiera jubilados, que estamos por todas partes. La profesora nos daba deberes para la semana siguiente. Consistían en escribir un relato cuya extensión no debía superar las 1.500 palabras, relacionado con el tema que se había tratado en clase. Esos textos eran leídos por sus autores la siguiente semana, siendo objeto de comentarios por parte de profesora y resto de alumnos. Enseguida se notó que existían distintos niveles, algo que no debería molestar a nadie, puesto que uno se matricula en un curso para aprender y no para competir, algo que una de las alumnas, para más inri profesora de secundaria, no parecía entender.

Y llegó la última clase. Al finalizar, la alumna profesora de secundaria preguntó a la profesora del curso si se le permitía hacer una sugerencia. Al recibir respuesta afirmativa dijo, textualmente, lo siguiente:

––Con todos mis respetos a los jubilados. Estaría bien que los grupos de trabajo fueran de personas trabajadoras, por un lado, y de jubilados, por otro, puesto que no todos tenemos el mismo tiempo.

La profesora contestó que tomaba nota y ella se desconectó, cabreada, sin despedirse siquiera del resto de compañeros, aquel día todos jubilados y, por tanto, sus enemigos. Me quedé perplejo mientras me mordía la lengua. La profe, que se dedica a formar jóvenes, había llegado a la conclusión de que en un grupo formado únicamente por personas trabajadoras tendría más tiempo para hacer los ejercicios y, consecuentemente, la calidad de los suyos sería mayor. ¿Se puede ser más absurda? Otra conclusión, supongo, sería la de que los jubilados nos estamos todo el día rascando la barriga. En mi caso no dispongo de tiempo para cursos de escritura, clases de piano, mantener el blog (pido disculpas por mi ausencia) etc. y esto sin tener nietos que cuidar para que sus padres puedan trabajar. Por este mismo razonamiento deberían formarse grupos distintos entre personas trabajadoras y personas con hijos o con padres que cuidar, incluso habría que fragmentar por número de horas trabajadas o por tiempos de desplazamiento y el medio utilizado, puesto que no es lo mismo desplazarse en Cercanías o en coche por la AP7, que teletrabajar o tomar el metro.

En realidad, nada nuevo bajo el Sol. Con jubilados o sin jubilados, la calidad de sus relatos seguirá siendo la misma. Dice el pasodoble «Manolete, Manolete, si no sabes torear pa qué te metes». Buscar culpables de nuestras ineficiencias es un defecto que espero no trasmita a sus alumnos. Carlo M. Cipolla publicó las «Leyes fundamentales de la estupidez humana», una gran aportación a la filosofía. En la tercera ley dice que «el ­estúpido causa perjuicios a los demás sin beneficio para sí mismo, e incluso con desventajas».

De niño toca bullying –salvo que no tengas ningún defecto–, luego mobbing laboral –toda empresa tiene su especialista, normalmente un directivo inútil y acomplejado– y finalmente, edadismo. ¡A vivir que son dos días!


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9 comentarios en “Edadismo estúpido

  1. JUbilados y no jubilados: nada nuevo bajo el sol, siempre ha sido mas facil buscar culpables que arrimar el hombro, ser auticritico con uno mismo, intentar entender el punto de vista del discrepante y ser capaz de tomar tus propias decisiones.

    Espero que ahora tengas algo mas de tiempo para ir alimentando Tu blog para el placer de tus seguidores

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    • Muchas gracias por tu comentario. Voy a iniciar la continuación del curso, pero he dejado las clases de piano. No daba abasto. Haré autoaprendizaje; la cuestión es disfrutar de la música pero con menos obligaciones. Espero tener más disciplina para escribir en el blog. Disfruto con la interacción con vosotros.

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  2. Muy bueno!!!

    Esperemos que la gente se vaya concienciando y esto del edadismo se pase de moda, fastidia bastante.

    «Arrieros somos y en el camino nos encontraremos «

    El envejecimiento es una etapa y que cada uno la viva como quiera, bueno, según que circunstancias como pueda, pero sin generalizaciones ni etiquetas.

    Venga, a seguir escribiendo, que tienes que distraer a unos cuantos desocupados 😉

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  3. Excelente escrito, Agusti. El edadismo es una nueva forma de discriminación. En el fondo, se debe a los complejos y envidias que todo el mundo tiene en mayor o menor medida. Me encanta la gente activa, emprendedora, polifacética y curiosa como tu. Sigue así. Mucho ánimo. Fuerte abrazo

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