Cónclave de gazapos

Cónclave, es una película británica dirigida por Edward Berger, protagonizada por Ralph Fiennes, John Lithgow, Stanley Tucci e Isabella Rossellini, entre otros grandes actores, y basada en el libro de idéntico nombre del escritor Robert Harris, exitoso autor de best sellers. Como ya sabréis los aficionados al cine, en la última edición de los Globos de Oro obtuvo el reconocimiento al mejor guion. La promoción del film ha sido tremenda: hemos visto su tráiler –bien elaborado y altamente llamativo– reiteradamente –al menos en el cine–. A partir de unas tomas espectaculares rodadas en escenarios magníficos, un colorido impactante y un buen montaje, provoca un enorme deseo de prolongar ese placer a las casi dos horas que dura el film. Lo que viene a continuación es una crítica que no puede omitir narrar algunas escenas aunque no el final, una advertencia válida para quienes no habiéndola visto, no deseen perder el factor sorpresa. Otra forma de enfocar el visionado es disfrutar sus imágenes y estupendas actuaciones, mientras contrastáis la trama con la información de este artículo. Hecha la advertencia, inicio el degüello con el deseo de dejar en evidencia a algunos críticos.

De la misma forma que defendí a Ridley Scott por no ser fiel a la historia de Napoleón aduciendo que el cine es un arte donde la creatividad está por encima del rigor histórico, defiendo que en este caso se modifiquen determinados elementos, aunque de todas formas los enumeraré, pero hay cosas que rozan el ridículo. Nos ocurre que, estando inmersos en la apasionante historia que nos están contando, no caemos en determinados errores. Algunos de ellos ya los intuí al finalizar de verla, pero eran demasiadas las incertezas como para pensar que no hubiese algunos fallos clamorosos del guion. Tras darle algunas vueltas concluí que bien se merecía dedicarle algo de tiempo. El resultado final ha sido de tal magnitud que no he podido evitar contarlos en este artículo.

Los escenarios

No tiene culpa el director de que en el Vaticano no se pueda realizar ninguna filmación. De hecho, no dejan ni hacer fotos en la Capilla Sixtina. Por eso, no hay nada que objetar respecto a la utilización de una reconstrucción de la capilla, dicen que fidedigna (sic), en los estudios de Cinecittá, en Roma. Una reproducción ya existente a la que hicieron una actualización. La majestuosa escalinata son las escaleras del Palacio Real de Caserta (Italia), donde se rodó también Star Wars: la Amenaza Fantasma, mientras que el resto de dependencias corresponden al Palazzo de Congresi, un proyecto creado por y para Mussolini. La casa de Santa Marta, la residencia de los Cardenales y del Papa, también se construyó para la ocasión en los estudios.

El potencial de las imágenes, preciosas secuencias, está basado en una permanente presencia del color rojo, en contraste con negros, blancos y algún azul. Es por eso que el suelo de la Capilla Sixtina está cubierto de moqueta roja en lugar del beige reglamentario, de la misma manera que La Casa de Santa Marta tiene las paredes de mármol y las puertas de color escarlata, mientras que la real tiene unas paredes pintadas y puertas de madera como las de cualquier hotel. Existe una toma cenital en la que se despliega una alfombra roja en medio de la capilla, que más tarde se convertirá en una moqueta que cubre toda la sala, por arte de magia.

El cardenal decano, responsable del Cónclave, pronuncia una homilía a toda la curia, incluyendo sacerdotes y monaguillos. Esta tiene lugar en una dependencia desconocida, y no sabemos a qué viene. Robert Harris nos cuenta en su libro como los cardenales se dirigen, en procesión, a la basílica de San Pedro, donde el decano oficia una misa, procediéndose a la lectura de la carta del apóstol San Pablo a los efesios, y seguidamente al consabido sermón. La misa desaparece de la película al no poder filmarse en el Vaticano, aunque se hubiera podido celebrar en cualquier otra dependencia, incluso en la misma del sermón; únicamente se necesitaba un altar.

Los paraguas

El fotograma corresponde a la llegada a las dependencias vaticanas de los cardenales que van a participar en el Cónclave. Parece que está lloviendo y por esa razón sus eminencias vienen pertrechadas con paraguas negros, que seguramente traerían en el equipaje, previsores ellos. ¿Quién no viaja con un paraguas no plegable?

Claro que en la peli de los milagros los paraguas pueden cambiar de color en cualquier momento.

Lo más probable es al llegar a la residencia hubieran sido obsequiados con un pack de bienvenida. El fotograma corresponde al momento en que se dirigen al que sería el último cónclave. Según el libro, los participantes son 118, según el guionista, 113, según la escena, parecen cientos. Emulando a Wally, uno de los cardenales no lleva paraguas. ¿Por qué razón? ¿Quiere ser diferente o quizás lo ha dejado olvidado en su habitación? ¿Se lo habrá robado un guarda suizo?¿Estará realizando un acto de contrición? La explicación es más sencilla: al ser el más listo de todos se ha dado cuenta de que no llueve ni va a llover. Para no cargar con tanta imagen no incluyo una ampliación de la fuente, que la tengo. No llueve, pero queda bonito. Esta parece la obsesión de un director más preocupado por la belleza de las imágenes que por la coherencia del producto.

Los personajes

El cardenal diácono se llama en la película Lawrece, mientras que en el libro se denomina Lomeli. En realidad, es italiano y es una de las razones por las que vota a Bellini, otro italiano, y también por la que forma parte de la camarilla italiana. Siendo el único al que le modifican el nombre, la única explicación que le encuentro es que, tratándose de una película sajona, el protagonista y personaje de comportamiento impecable, debía tener nombre inglés. Hubiera sido imperdonable que el único sajón hubiese sido el más malo de la película: el cardenal Tremblay.

Al cardenal Benítez, personaje importante, le modifican la nacionalidad y pasa de ser filipino a ser mexicano. Así, cada vez que interviene, y para que no nos olvidemos de su procedencia, lo hace en idioma español, idioma que por supuesto entienden todos sus correligionarios. No ocurre así con el yoruba, puesto que el nigeriano se pronuncia en inglés. Evidentemente, tiene más atractivo, para los espectadores norteamericanos, un hispano que un filipino. Además, sabiendo el final de la peli, no sería de extrañar un cierto revanchismo hacia los mexicanos.

El atentado

Como podéis ver en el mapa, entre la citada plaza y la Sixtina, hay un mínimo de 400 metros. ¿Qué clase de bomba era capaz de provocar tales destrozos, superando esa distancia, así como otros edificios de altura incluso mayor que la propia capilla? ¿Era una licencia del guionista, o del propio autor del libro? Nada que objetar a la peli, puesto que es Harris quien menciona el lugar de la explosión, aunque sitúa los desperfectos vaticanos en la antesala de la capilla. Dado que el bombazo se produjo durante una de las votaciones del Cónclave, este tuvo que ser suspendido. Los Cardenales, alguno de los cuales había caído al suelo se supone que debido al temblor provocado por el estallido, fueron transportados velozmente a sus aposentos, en la Casa de Santa Marta, a pocos metros de la Capilla Sixtina. Digo transportados porque son desplazados en 6 autocares escoltados por policías. Inmediatamente después de la escena de la explosión, tienen un encuentro con el decano, en un lugar parecido a un auditorio que supuestamente está en el edificio de la residencia. Todos aparecen con sus mucetas (capas) y solideos (gorros redondos) llenos de polvo. Lo normal hubiera sido que, como mínimo, fueran a lavarse cara y manos, o incluso se duchasen, cambiándose de hábitos o, al menos, habiéndolos cepillado. Cada cardenal tiene asignado un «máximo» de dos sirvientes según rezan las ordenanzas, aunque no se incluya ese dato en la película, por lo que no hubiera significado ningún esfuerzo para ellos.

En realidad, no se entiende que los cardenales puedan estar informados de lo que ha sucedido en el exterior puesto que están totalmente incomunicados y tienen prohibido recibir cualquier noticia. Incluso las ventanas de sus habitaciones tienen las persianas corridas y bloqueadas. Lo que explica Harris en el libro es que el decano decide informar a los congresistas de lo ocurrido, incluyendo la inmolación del autor del atentado al grito de Alá es grande. Es por eso que el cardenal Tedesco hace un discurso anti islamista, algo que no se entiende si nadie le ha informado previamente.

Al siguiente cónclave, mientras que la capilla mantiene una limpieza impecable y sin rastros de explosión alguna, algunos de los cardenales siguen con polvo adherido como se esfuerzan en demostrar los planos. Marranos que son algunos.

Los birretes

El hábito utilizado por los cardenales durante todo el metraje es el llamado «hábito coral»:

 Hábito coral: lo usa el cardenal para participar en celebraciones litúrgicas o de gala. Se compone de sotana de color rojo, una banda de seda del mismo color con flecos, roquete de lino, muceta de color rojo, cruz pectoral sostenida sobre la muceta por un cordón de color rojo entretejido con oro, solideo también de color rojo y birrete del mismo color. 

El solideo es un gorro de color rojo, circular, formado por ocho gajos de tela, que cubre la coronilla, parecido a la kipá judía, mientras que el birrete es un gorro más amplio, de forma cuadrangular, también de color rojo, que se coloca por encima del solideo, cubriendo toda la cabeza.

Lo extraño en Cónclave es que en todo el metraje los birretes únicamente aparecen en la Capilla Sixtina, simétricamente dispuestos en las mesas. Es decir, son unos birretes sin uso, decorativos. Ni en el exterior ni en ninguna dependencia son utilizados por nadie, valiéndose exclusivamente del solideo. Entonces, ¿para qué están en las mesas? Porque quedan bonitos, o quizás tengan un bocadillo de mortadela dentro.

Los documentos secretos y la habitación sellada

En una de las primeras secuencias que transcurre en la habitación del Papa recién fallecido y de cuerpo presente, aparece un puntito blanco en la cabecera de la cama del pontífice. Ninguno de los allí presentes lo percibe. El Papa es sacado de la habitación y esta es precintada colocando una banda con un sello lacrado, para que nadie entre. Como consecuencia de las intrigas, el cardenal Lawrence rompe el sello y entre a la habitación papal para inspeccionarla y encontrar algún documento que le ayude a resolver sus sospechas. Tras una exhaustiva búsqueda, observa una suerte de pelusilla asomando por la juntura del cabezal: el punto blanco de las tomas iniciales. Entonces, haciendo uso de la fuerza, logra separar un listón del cabezal y extraer de su interior unos documentos. La escena es totalmente inverosímil. ¿Qué sentido tiene guardar unos documentos que comprometen a uno de los candidatos en un lugar de tan difícil acceso, incluso para el propio ocultador? ¿Tanta molestia para acabar dejando una pista delatora? ¿Puede existir un escondite más burdo?

Harris escribe en su obra que Lawrence/Lomeni buscó bajo la cama e incluso intentó levantar el colchón, hasta que se fijó en los postes de la cama. Empezó por el de la derecha, cuya parte superior «consistía en una bóveda tallada de grueso y bruno roble pulido» que parecía conformar un todo con el resto de la pieza. Pasando su mano por él, notó que uno de los discos tallados se aflojaba un poco y que, al apretarlo y sujetarse al poste para bajarse de la cama, la parte superior se le quedó en la mano. Debajo, encontró una cavidad de la que sobresalía un «diminuto pomo de madera». Tiró de él lentamente y extrajo un estuche de madera lisa. «La precisión con que encajaban las piezas tenía algo de maravilloso.» Dentro estaba la documentación. Tras leerla detenidamente y guardar la caja, vacía, en su sitio, exploró, el poste izquierdo y los dos postes del pie de la cama, encontrando tres estuches más.

Por qué no lo hicieron así en la película, no lo entiendo de ninguna de las maneras. ¿No tenían presupuesto para diseñar una cama parecida? El sistema de los mecanismos hubiera producido una escena tipo «En busca del arca perdida», mucho más efectiva que la de un cardenal de 70 años forcejeando para conseguir separar un listón de la cabecera de una cama de la que sobresalen unos mal puestos hilillos.

La ruptura del sello que bloqueaba la puerta no tiene ningún efecto en el cónclave a pesar de que las ordenanzas especifican que la ruptura del sello puede provocar su anulación. Sin embargo, nadie cuestiona a Lawrence por haber entrado en la habitación papal. Tampoco la hermana superior que, sin saberse qué hace en la residencia cardenalicia a horas intempestivas, oyendo ruidos en la habitación pone la oreja en la puerta, hace amago de entrar, y se marcha sin más. La innecesaria presencia de la monja no está escrita en el libro. Lawrence entra en la habitación papal porque Harris pone en su mano una llave maestra que le había prestado la hermana en un momento en que él dijo haber olvidado su llave dentro de la habitación y por tanto no podía entrar. Sin embargo, el guionista estima que la puerta debe poderse abrir utilizando solo la manilla. Una más.

El escándalo de las votaciones

El conteo de los votos depositados en la urna por los cardenales es lo más surrealista de toda la película. No tiene importancia que se produzcan cinco votaciones en lugar de las nueve del libro, ni tampoco que a la pregunta de ¿cuantos cardenales seremos?, la respuesta se de 113 en lugar de los 118 de la fuente original. Aunque ¿modificar el número es tan creativo como para que sea necesario?

El caso es que no les está permitida la abstención a los cardenales, previendo incluso que, en el supuesto de enfermedad de alguno de ellos, se irá a su habitación para que deposite su voto en una urna con candado cuya apertura se hará en el recuento de votos. Es así que en cada sesión del cónclave deben contabilizarse el mismo número de votos, coincidente con el número de cardenales. Así ocurre en la obra escrita en la que el recuento de las papeletas da el número de 118 en las nueve votaciones que son narradas. En un alarde de creatividad, el guionista de Cónclave decide que habrá seis votaciones y que de las cinco se mostrarán el escrutinio de la primera, la segunda y la quinta –supongo que para no cansar al espectador– mientras que el de la sexta y definitiva no se mostrará para mantener en suspense el cardenal ganador. Suspense absolutamente innecesario puesto que el espectador avezado sabe quien será elegido en el instante en que aparece por primera vez.

No nos facilitan el recuento total de cada cónclave, por eso me tomé la tarea de apuntar los votos que obtenía cada cardenal en cada uno de ellos:

1º) 21+18+17+16+5+31 (cardenales con un solo voto) = 108

2º) 34+25+18+16+9+2 = 104

5º) 40+34+13+11+9+6 = 113

Como no podía creérmelo, repasé varias veces las anotaciones y sus sumas. No me había equivocado. Los responsables de la mesa electoral deben decir el total de votos depositados en la urna. En la película no se dicen. ¿Por qué comete este error tan burdo el guionista? ¿Por qué cambia el número de votos de cada candidato? Sólo era necesario decir exactamente lo mismo que ponía el libro, no obstante, y sin que signifique absolutamente nada, decide poner 21 donde fueron 22, o 31 donde fueron 38. Y lo hace porque sí, porque es un guionista y hace lo que le da la gana y además, sabe que es un genio y por lo tanto está haciendo una genialidad. No he visto un error más burdo en el cine. Es como si Marco Antonio utilizara un iPhone para hablar con Cleopatra, o como si una hermana gemela tuviera 20 años y la otra 15. Por favor, que le retiren la licencia a Peter Straughan. Para mayor escarnio, solo faltaría que ganara el Óscar al mejor guion adaptado.

PS: Si crees que hay más gazapos, por favor ponlos en los comentarios que encontrarás al final del escrito. Por el contrario, si crees que alguno de ellos no es correcto, hazlo también. Si eres Peter Straughan y me quieres poner a caldo, suscríbete a mi blog. Gracias por llegar hasta aquí.


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10 comentarios en “Cónclave de gazapos

  1. Fa anys es parlava d’alguna pel·lícula americana de romans, en les que algun legionari duia un rellotge de polsera i que en el fragor de la batalla es veien unes roderes de tractor entre els cadàvers. No sé si era veritat, però es comentava això. Pot passar ben be.

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  2. Excelente crítica a la película. Si bien los giones de películas no pueden ser 100% fieles al libro, hay casos extremos, como este. Gracias por tomarte el tiempo de escribirla. Te diría que es lo mejor que he leido de tu autoría.

    Te mando un abrazo Agustí

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    • Muchas gracias por tu comentario, Ricardo. Las licencias que se toman los guionistas respecto a los libros, pueden incluso mejorarlos. En el caso de Cónclave, la autoría del guion es compartida con Richard Harris, el escritor. Existe una modificación respecto al original, que es de gran calado y que no he incluido como gazapo por no tratarse de un error. Se trata de la operación quirúrgica a la que iba a someterse el cardenal Benítez y que finalmente no tuvo lugar. La modificación cambia el final de la historia, pero no es un gazapo. En la peli es una «histerectomía» (extirpación de útero y ovarios), mientras que en el libro es una cirugía para coser labios mayores y labios menores, y una clitoropexia (reducción del tamaño del clítoris). No es algo menor. Mientras en el original el Papa sería una mujer, en la peli es un hermafrodita y, por tanto, incluye los dos sexos, lo que encaja mejor con las tendencias inclusivas actuales. Los gazapos son errores de guion, que considero una falta de profesionalidad. Todos tenemos derecho a equivocarnos, pero cuando colocas un producto en el mercado, tiene que tener la calidad que sus compradores nos merecemos. Un abrazo para ti también y gracias por leerme.

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