Eduardo Chillida y Tindaya: desencuentros en la tercera fase

Montaña de Tindaya en Fuerteventura – © Fernando Ardid

Roy Neary y Jillian, tras haber participado en avistamientos, viven obsesionados con una imagen de forma montañosa que no cesan de moldear y dibujar. Barry, el hijo de Jillian, queda abducido por unos seres extraños salidos de un OVNI que aterriza frente a su casa. Tras ver en televisión una noticia sobre el descarrilamiento de un tren cerca de la Torre del Diablo en Wyoming, EE. UU, se dan cuenta de que la imagen que les obsesiona es real ––The Devil Tower––, e inmediatamente se dirigen a ese lugar respondiendo a una llamada irresistible. Ese es el desencadenante de «Encuentros en la tercera fase», la maravillosa película de un joven Spielberg. A Eduardo Chillida ––del que actualmente se celebran los cien años de su nacimiento––, también le obsesionó una montaña: la de Tindaya, en Oliva, municipio de la isla de Fuerteventura.

Si bien el espacio es la especificidad de la arquitectura, Chillida esculpe sus obras creando huecos y vacíos en la materia, al igual que su competidor Jorge Oteiza. He quedado sorprendido al constatar los niveles a los que llevaron su pugna por conseguir cuál de los dos realizaba una obra más colosal.

El mayor espacio que Chillida imaginó materializar fue el vacío de una montaña, creando así un espacio de grandes dimensiones en su interior. Según cuenta él mismo, en 1984, cuando esculpió Mendi Huts (Montaña Vacía), ya estaba pensando en un proyecto de esas dimensiones, aunque en aquellos momentos ocupaba su cabeza a modo de utopía. Otras obras, como Elogio de la arquitectura o Elogio de la luz, también anticipaban, según explicó posteriormente, el concepto de desmaterialización que aplicaría posteriormente a Tindaya. Me permito añadir: «se non è vero, è ben trovato». Todas ellas las podéis ver en el video que he incluido al final de esta entrada, centrado principalmente, y de forma no exclusiva, en las obras de su museo, el Chillida Leku que, como consecuencia de la efemérides de su nacimiento, albergaba, en una de mis visitas, algunas de sus primeras obras, normalmente expuestas en la Fundación Telefónica y en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, principalmente.

Fue en esa época cuando Chillida empezó a buscar su montaña, como Roy y Jillian. Al parecer, le llegaron propuestas procedentes de Suiza, Finlandia e Italia, pero no fueron del gusto del escultor. Entonces, se le apareció Tindaya.

«Tengo intención de crear un gran espacio vacío dentro de una montaña, y que sea para todos los hombres. Vaciar la montaña y crear tres comunicaciones con el exterior: con la luna, con el sol y con el mar, con ese horizonte inalcanzable”

El proyecto de la Montaña de Tindaya fue diseñado, en primera instancia, en colaboración con el ingeniero José Antonio Fernández Ordóñez, que ya había colaborado en la instalación, en Barcelona, del «Elogio del agua» (ver video). Ordóñez declaró al respecto:

Tindaya es un proyecto maravilloso. Aparte de ser artísticamente fantástico, técnicamente es algo único en el mundo. La humanidad no ha hecho algo así desde las Pirámides de Egipto o el Panteón de Roma. Son monumentos que se cuentan con los dedos de la mano, como Santa Sofía. Apenas existen lugares de este porte, de ese calibre.

En 1997, Chillida contaba, en una entrevista de Alberto Portera, científico y neurólogo, para el libro «Elogio del horizonte – Conversaciones con Eduardo Chillida», la forma en que concibió el proyecto de Tindaya:

... Se trata de cómo encuentro yo la idea de Tindaya, de una manera tan inesperada, al amanecer. Yo no estaba buscando nada. Me dormí como todos los días, pero me desperté y no sé por qué me había hablado José Antonio Fernández Ordóñez de una montaña en la cual habían parado de explotar una cantera. Me di cuenta de que esa gente se quedaba sin trabajo y también recuerdo que pensé cómo podía ser que a esa gente les dejaran sacar piedra desde fuera, porque eso hace daño a una montaña. Y de repente me vino la siguiente idea: esta gente no se plantea que cuando están sacando la piedra están metiendo el espacio en la montaña. ¿Por qué no les dices tú todo esto? Estaba medio dormido, pero es un estado en el que te llegan las cosas. Un estado mental, totalmente espiritual. Entonces pensé en dirigirme a esa gente, decirles cómo tenían que sacar la piedra, de dónde y cómo. Ellos se quedarían con la piedra y yo con el espacio. Ese fue el principio de Tindaya, así de sencillo.

Pero, ¿en qué consistía el proyecto?

Fuente: Diario La Razón 28-01-2011

El proyecto consistía en horadar la montaña canaria, creando un vacío, en forma de cubo, de 50 metros de altura; como la cúpula de Santa Sofía, incluyendo las pechinas, lo que equivaldría a un edificio de 17 plantas. Un cubo que cupiese en el interior del Panteón de Roma. A este espacio se añadirían dos tragaluces ––para que entraran las luces del Sol y de la Luna–– y un pasadizo de 200 metros para el acceso de los visitantes, conectado con el mar a través del horizonte, visible desde lo alto de Tindaya, ubicación de la escultura para minimizar el peso de la tierra sobre la estructura.

La misión de nuestro protagonista pronto encontró serios obstáculos contra los que luchó denodadamente: organizaciones ecologistas, con el apoyo de un nutrido grupo de ciudadanos y asociaciones, se opusieron a un proyecto que ponía en riesgo a la montaña en sí, por el peligro de derrumbe que significaba su vaciado, atentaba contra su patrimonio artístico, profanaba su sacralidad, y habría Tindaya y sus alrededores, a la especulación. El proyecto significaba carreteras, centro de interpretación y venta de entradas, sin olvidar tiendas y otras posibles especulaciones urbanísticas. Los políticos quedaron entusiasmados con un proyecto que, para Fuerteventura, significaría hordas de turistas visitando la octava maravilla.

Fundación Caja Canarias – Licencia Creative Commons (CC)

La montaña ya estaba siendo objeto de explotación: una concesionaria tenía los derechos de extracción de la mina de traquita, material abundante en el interior de la montaña, cuya composición le da un aspecto claro y veteado, muy cotizado para el embellecimiento de fachadas. Se exportaba principalmente a USA y fue el material con el que se recubrió la fachada de la sede Caja Canarias, en Santa Cruz de Tenerife.

Tindaya era considerada por los aborígenes de Fuerteventura, los majoreros, mahos, o majos, una montaña sagrada. Según se puede leer en el portal del Gobierno de Canarias, «La Montaña de Tindaya (La Oliva, Fuerteventura) alberga la que posiblemente sea la mayor concentración de podomorfos del mundo. La presencia de grabados rupestres le ha valido su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) por lo que cuenta con la máxima figura de protección y de reconocimiento, aunque solo en la parte superior de la montaña. No obstante, su protección jurídica no garantiza su protección física, pues los podomorfos presentan problemas de conservación por encontrarse al aire libre, fruto de la erosión natural del agua o del viento, intentos de expolio, pasando por actos vandálicos y por las inminentes consecuencias del cambio climático.

Los podomorfos son grabados rupestres en forma de pies ––uno, dos o más––. En Tindaya están catalogados 312. La catalogación como BIC de la parte superior de la montaña, consecuencia de una sentencia judicial tras una demanda interpuesta por el grupo ecologista Ben Magec, fue considerada como un escándalo por muchas organizaciones al coincidir su delimitación con lo que pretendía ser el inicio del pasadizo de entrada al cubo de Chillida, dejando así expedito el camino del proyecto.

«Es uno de los proyectos más importantes de mi vida, pero hay unos señores, por llamarles de alguna manera, que no quieren hacerlo. No me lo trago. Tindaya está parado por una pandilla de gamberros e incultos que no saben una palabra de arte… Tindaya se hará aunque yo no lo vea», Declaró el escultor vasco en 1999. Como gamberros e incultos se refería a los grupos de ecologistas, geólogos y arqueólogos que se oponían, ocasionando, en palabras de algún medio de comunicación canario, «la más agria colisión entre ecologismo y arte habida nunca en España».

Chillida estuvo obsesionado con Tindaya, llegando a manifestar que la montaña le había elegido, poniendo como ejemplo que los podomorfos y su firma eran coincidentes en forma, aunque supongo que la principal causa era la traquita con la que estaba rellena, material que le daba la consistencia necesaria para poder vaciarla sin que se viniera abajo.

Tras su fallecimiento, sus herederos ––Pilar Belzunce, su esposa, e Ignacio Chillida, uno de sus hijos––siguieron impulsando el proyecto, llegando a un acuerdo con las autoridades para una nueva adjudicación para iniciar su construcción. El coste del proyecto se valoró en 75 millones de euros de los que, según el Gobierno Canario, no saldría un solo euro de las arcas públicas, aunque la familia le pedía una tercera parte. Los 50 millones que faltaban correrían a cargo de la empresa adjudicataria que, en régimen de concesión, se haría cargo de la explotación turística. A la mayoría de las entidades contrarias no les salían los números.

La reactivación del proyecto por parte de la familia coincidió con el cierre al público, por causas económicas, el 31 de diciembre de 2010, del Chillida-Leku, el formidable museo al aire libre, cerca de Hernani, inaugurado en septiembre de 2000, y en el que el escultor distribuyó algunas de sus obras a modo de jardín escultórico, en un proyecto liderado por Pilar Belzunce. Su reapertura se produjo el 17 de abril de 2019.

Finalmente, el Ejecutivo autonómico amplió la protección de la montaña al completo, más allá de la cumbre, imposibilitando ¿definitivamente? la realización de la obra.

El quebranto para las arcas de la economía Canaria, no ha sido pequeño. En 2017, la consejera de Turismo del Gobierno regional lo cifró en 17,5 millones de euros, mientras que el anterior consejero de Política Territorial lo cuantificó en 25,7 millones. El despilfarro se inició con los 900 millones de pesetas que el Gobierno pagó a las concesionarias de los derechos de la mina, abierta en 1982, para extraer la traquita. La Fiscalía Anticorrupción calculó un sobreprecio de 700 millones. El PSO canario calculó su precio máximo en 75.000 pesetas. El resto se fue en estudios, adelantos a las constructoras, gastos judiciales y partidas varias, sin incluir el tiempo empleado.

Fuerteventura no tiene hoy esa octava maravilla, pero sí una montaña, un paisaje y una memoria histórica respetada. El turismo acabará, como fuente de ingresos, en algún momento del tiempo, al igual que todos los inventos humanos, pero Tindaya perdurará.

Aquí podéis ver una cronología del fallido proyecto Montaña de Tindaya.

  • 1994 Chillida acepta la propuesta de Canarias para llevar a cabo su proyecto.
  • 1995 El Gobierno de Canarias presidido por Manuel Hermoso del grupo Coalición Canaria, declara el proyecto de interés para las Islas.
  • 1996 Chillida expone, en Fuerteventura, su proyecto de Tindaya. Los ecologistas no asisten
  • 1997 El proyecto es aprobado por el Gobierno Canario, que organiza un entramado de empresas. Aparecen las primeras denuncias por irregularidades.
  • 1998 Adjudicación de la obra a FCC y Entrecanales por 8.450 millones de pesetas (50 millones de euros). El plazo de ejecución se determina será de cuatro años.
  • 2000 El Gobierno Canario paraliza el proyecto y se querella contra la UTE adjudicataria al negarse ésta a devolver las cantidades recibidas.
  • 2002 Fallecimiento de Eduardo Chillida
  • 2003 Se inicia la primera fase del proyecto: estudio de alternativas.
  • 2004 Sobreseimiento provisional de las actuaciones penales existentes, y su archivo.
  • 2006 Desestimación del recurso de apelación interpuesto por la asociación ecologista Ben Magec contra el auto de archivo provisional dictado por el Juzgado en abril de 2004.
  • 2005 Inicio de la segunda fase: sondeos para la comprobación de terrenos.
  • 2008 La Justicia falla en primera instancia en contra del Gobierno de Canarias en su contencioso contra las constructoras FCC y Necso en la reclamación de los 1.960 millones de pesetas por el proyecto de Tindaya.
  • 2011 El Presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero Baute, del grupo Coalición Canaria, y el del Cabildo de Fuerteventura, Mario Cabrera, del GP Nacionalista Canario (CC-PNC), llegan a un acuerdo con los herederos de CHillida para la reactivación de una convocatoria pública para adjudicar el proyecto. La familia valora el coste en 75 millones de euros.
  • 2015 Ben Magec-Ecologistas en Acción, anuncia dos contenciosos administrativos para salvaguardar la integridad de la montaña, incluyendo, además de los grabados rupestres, el valor ecológico de la fauna y vegetación de cumbre y terrenos adyacentes.
  • 2015 La Federación ecologista pone en marcha una campaña on-line de recogida de fondos para diseñar un proyecto alternativo al de Chillida, con la participación de la ciudadanía y de expertos y técnicos colaboradores, y sufragar los costes judiciales.
  • 2019 Después de muchos años de inactividad, el Cabildo de Fuerteventura decidió descartar de manera definitiva el proyecto de Chillida.
  • 2023 El Ejecutivo autonómico amplió la protección de la montaña al completo, más allá de la cumbre.

La obsesión por construir esculturas colosales le ocupó mucho tiempo. Dado que la especifidad de la arquitectura es el espacio, Chillida comprendió que los vacíos que él creaba eran arquitecturas en miniatura que podían ser ampliadas. La «Casa de Bach» que pretendió engrandecer para que fuera ubicada frente a la iglesia de Eisenach, localidad en la que nació el músico, es un ejemplo. El fallido monumento a Katsushika Hokusai formaría parte de esa megalomanía. Impresionado por su obra maestra «La gran ola de Konagawa«, parte de las «36 vistas del Monte Fuji», creó, en 1981, la escultura «Casa de Hokusai» (tanto la «casa de Bach» como «La casa de Hokusai, las podéis ver en el video del final de la entrada). A los pocos años, recibió el encargo de crear esa misma escultura a mayor escala. A Chillida no le pareció acertada la ampliación de su creación para construir un homenaje al maestro japonés, aduciendo que la evolución de un artista le impedía crear dos veces la misma obra. En su lugar, diseñó un proyecto colosal.

Podemos ver en la imagen, la maqueta de su proyecto. Consistía en 5 bloques verticales de hormigón, separados entre sí e irregulares, de 8 metros de altura, y dispuestos de forma circular. En el centro, una escultura de hierro que simbolizaba un abrazo a la tierra. El lugar que escogió el escultor para su proyecto fue el Valle de Hakone, a poca distancia del Monte Fuji, de manera que entre los bloques de piedra apareciese la mítica montaña. El proyecto nunca llegó a realizarse. Podéis ver un video con Eduardo Chillida explicando su proyecto, pulsando en el enlace. Omnipresencia de la montaña en Chillida.

En mi opinión, esa obsesión por los proyectos colosales estaba incluida en la competitividad existente entre Chillida y Oteiza. En aquellos años, finales de los 80, el entonces alcalde de Bilbao, José María Gorordo, quiso remodelar la antigua Alhóndiga municipal. El plan formaba parte de la construcción de un centro cultural en la capital vasca. Oteiza, que ya llevaba muchos años intentando crear un Instituto de Investigaciones Estéticas en el País Vasco, fue sumado al proyecto.

La primera propuesta incluía una enorme plaza cubierta por un cubo de cristal de 80 metros de lado, del que partía un edificio puente, del mismo material. Urbanísticamente no fue aceptado por alterar demasiado la estética de esa zona; el problema principal fue el puente suspendido encima de la Alameda de Urquijo a una altura demasiado invasiva, lo que propició un segundo diseño ––el de la imagen–– , del que se suprimió el elemento de la discordia: el puente. Ese cubo de cristal se convertiría en el elemento más reconocible del nuevo centro cultural, aquel que sería conocido como el “Cubo de la Alhóndiga”.

El proyecto rápidamente pasó a formar parte de la polémica política. El enfrentamiento entre el Gobierno Vasco y el Ayuntamiento de Bilbao se produjo en torno a la demolición o conservación de la Alhóndiga, un edificio construido en 1907 que estuvo en uso durante 70 años. A pesar de la firma del contrato, en enero de 1989, entre el Ayuntamiento de Bilbao y los impulsores del proyecto, los arquitectos Fullaondo y Sáenz de Olza y Jorge Oteiza, el proyecto no se llevó a cabo. Al igual que en Tindaya, la Alhóndiga fue declarada al año siguiente Monumento Artístico por el Consejo Asesor del Patrimonio Monumental del País Vasco, declarándose incompatible el proyecto. Ese mismo año se celebraron elecciones autonómicas y el alcalde de Bilbao dimitió. En 1991 las autorizades vascas firmaron un acuerdo con los responsables de la Fundación Guggenheim, cuyo museo se inauguró 6 años después. La Alhóndiga, se remodeló como un centro cívico polivalente que fue inaugurado en 2015, bajo el diseño de Philippe Stark y un nuevo nombre: Azkuna Zentroa. ¿Sabéis cuantos euros de las arcas públicas se dilapidaron en esta ocasión? La respuesta es 75 millones, la cifra mágica. Elogio al despilfarro.

Oteiza no consiguió materializar su cubo y Chillida tampoco, pero recordemos su profecia: «Tindaya se hará aunque yo no lo vea», y es que quizás conocía bien la naturaleza humana. La utilización de las grandes obras por parte de los gobernantes, es muy antigua. Desde faraones a dictadores contemporáneos pasando por reyes, emperadores, papas y gobernadores de todo tipo, todos han empleado el arte como medio de propaganda para mantenerse en el poder y también para pasar a la posteridad a través de los proyectos que ordenaron llevar a cabo.

Para finalizar, aquí os dejo el video que recoge todas las obras mencionadas en el artículo y, principalmente, mis paseos por el Chillida Leku, el museo que la revista Time incluyó, el 23 de agosto de 2019 en su lista World’s Greatest Places como uno de los mejores lugares del mndo para visitar, y que incluye una sorpresa final.

Bibliografía utilizada:


Descubre más desde MI AZOTEA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

5 comentarios en “Eduardo Chillida y Tindaya: desencuentros en la tercera fase

  1. Pingback: Felices Fiestas y un fantástico 2025. | MI AZOTEA

Replica a agustiam Cancelar la respuesta