«Tardes de soledad». Arte sobre la barbarie.

Corrida en la Plaza Mayor de La Alberca (Salamanca) 16/8/2007. © Agustí Amorós 

Polémica –¿dónde no la hay?– en el Festival de Cine de San Sebastián. Ante la proyección de «Tardes de Soledad» de Albert Serra, que finalmente obtuvo la Concha de Oro a la mejor película, los animalistas de PACMA exigieron, desde una semana antes del estreno, la retirada del film. El día de la proyección convocaron una manifestación en su contra por considerar que glorificaba el maltrato de los toros. «Tardes de soledad» muestra una jornada del torero peruano Andrés Rey, desde que se viste con el traje de faena hasta que se desviste. Ha sido clasificada dentro del género «documental».

En mi opinión, a los amigos del PACMA les fallan las formas teniendo razón en el fondo. La muerte de un ser sintiente, bajo tortura, y su exhibición pública, no tiene, a mi entender, ninguna justificación y, por tanto, no comparto ninguno de los argumentos esgrimidos por los amantes de las corridas: ni el supuesto arte del torero, ni el ritual de muerte, ni las referencias al mito de Teseo y el minotauro. Pero una cosa es el toreo, y otra bien distinta son las creaciones artísticas que hacen referencia a la tauromaquia. Creo que no sería procedente quemar todos los ejemplares de «Sangre y arena» de Vicente Blasco Ibáñez, los del «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías» de Federico García Lorca,o hacerlo con los grabados de Goya y las pinturas de Dalí, Picasso, Manet, Zurbarán, Miró, Barceló, Bacon, Zuloaga o Fortuny, entre muchos otros.

En el mismo sentido, ¿significa una película sobre la pasión de Cristo fomentar la crucifixión de los disidentes? Evidentemente, no. Si la película nos hace reflexionar y nos abre la cabeza como un hachazo –»no hay documento de cultura que no lo sea, al tiempo, de barbarie», escribió Walter Benjamin–, entonces estamos hablando de arte. Siguiendo con las analogías, ¿deberían eliminarse los libros que narran el exterminio nazi, que incluyen también horrorosas imágenes que muchos tenemos en la memoria, así como las películas que narran uno de los episodios más salvajes de la humanidad? Las corridas de toros serán prohibidas más temprano que tarde, y deberíamos aplaudir la supresión de esta barbarie, pero no los documentos que se refieren a ella. Los animales torturados en «Tarde de soledad», no mueren por la filmación de un, dicen los críticos, artístico documental. Esos pobres bichos hubieran sido muertos de la misma manera y no nos habríamos ni enterado. Los amantes de las corridas seguro que pondrían el grito en el cielo si Irán, USA, o cualquier otro país donde la pena de muerte fuera vigente, torturara públicamente a sus condenados a muerte, en una ceremonia oficiada por verdugos tocados con una coleta, vestidos con trajes de luces, utilizando unas técnicas de desangrado espectaculares, con asistencia de público entendido que pudiera exigir, como premio por el trabajo bien hecho, las orejas y el rabo (eso solo a los varones) de las víctimas que tuvieran buen morir.

Albert Serra es un cineasta que se distingue por hacer un cine calmado y hasta cierto punto poético, que parece seguir las enseñanzas del gran director ruso Andréi Tarkovski del que estos días he terminado de leer su libro «Esculpir en el tiempo. Reflexiones sobre el cine», en el que el autor de películas como Solaris o Stalker –su filmografía es muy reducida: 9 películas a las que podríamos añadir tres como estudiante y una de trabajo de fin de curso: La apisonadora y el violín– reflexiona, como indica el título, sobre su visión de lo que debe ser el cine. Una visión que rehúye todo comercialismo y cualquier clasificación por género, subrayando la poesía de las imágenes como la especifidad de unas obras que, provocando en el espectador emociones no forzadas por los guiones, le lleve a hacerse preguntas. Uno de los aspectos que me molesta más en los films de la mayoría de directores es que al final deban explicarme la película, sin dar margen a que cada uno la entienda, a su modo, o simplemente a que no la entienda. Es el cine de directores como Portabella –escribí aquí sobre su película «El silencio antes de Bach»–, Kurosawa, Bela Tarr, sobre cuya película «El caballo de Turín» escribí también una entrada, Guerín o Bergman, entre otros. Tengo una gran devoción por estos cineastas –también por Albert Serra– cuyas obras no consigo introducir en mi círculo de amistades. Con la que he realizado más intentos ha sido con «El caballo de Turín». Una única persona llegó a verla entera –o al menos eso me dijo, creo que como un acto de bondad, pues, aparte de esta afirmación, nunca me ha llegado a hacer ningún comentario sobre ella–, mientras que el resto han dimitido entre el minuto 5 y el 20. Yo no me canso de verla, pues me pone en mi sitio. Todo esto para decir que estoy deseando que se estrene «Tardes de soledad» y poder disfrutar de la poética visión de la tauromaquia con la que nos sorprenderá e impactará Albert Serra, estoy seguro, aunque probablemente en algún momento se me removerán las tripas, como sucedió la primera, y única, vez que asistí a una corrida de verdad, en unos Sanfermines (en la corrida de La Alberca cuya foto ilustra esta entrada, solo asomé la cabeza para hacer un par de fotografías). Las de mentira eran las que disfruté, de pequeño, en la televisión franquista, en blanco y negro y espléndidamente relatadas para gloria de los matadores (el Litri, el Viti, el Niño de la Capea, el Cordobés, José Mari Manzanares, Palomo Linares y muchos más). Eso sí, aprendí el nombre de todos los pases y suertes, así como la liturgia del espectáculo y las virtudes de sus protagonistas. En los Sanfermines –a los que acudí invitado por un edil de Pamplona–, después de la suerte de varas del primer astado, me retiré al interior del palco municipal, a degustar la gastronomía navarra sin pausa alguna. Ver sufrir, en color, a un toro a escasos metros, no es una experiencia agradable y genera una suerte de impotencia al no poder hacer nada para evitarlo.

España es de una complejidad inabarcable, totalmente incomprensible para una mente lógica, a no ser que se incluya, como factor desestabilizador, a los partidos políticos. Las corridas de toros son un buen ejemplo de ello. Por una parte, tenemos una ley conocida como «Ley de Bienestar Animal«, que entró en vigor el 29 de septiembre del año pasado. El objetivo que persigue es paliar, concienciar y castigar los actos contrarios al bienestar animal. Ello se traduce en un endurecimiento de las penas y multas en materias como el maltrato y el abandono animal. Entonces, ¡ya lo tenemos!: las corridas son maltrato animal y, por tanto, sus impulsores deben ser castigados. ¡Ah!, pues no. La ley no es aplicable a todos los animales, sino únicamente a los «animales de compañía, que son todos aquellos que conviven en un hogar, así como a los animales silvestres que se encuentren en cautividad». Bueno, ahora sí queda bastante claro, ¿no?: los toros son animales silvestres que viven en cautividad. Tampoco. Para recibir esta consideración, deben estar recogidos en un «listado positivo que no estará totalmente operativo hasta dentro de 2 años desde la entrada en vigor de la Ley, es decir, hasta septiembre 2025″. Los toros quedan excluidos como animales de compañía, al ser «mamíferos silvestres que en estado adulto superan los 5 Kg». La mencionada ley se refiere a los animales como «seres sintientes a todos los efectos legales, los reconoce como seres vivos dotados de sensibilidad, y no podrán ser abandonados, embargados, hipotecados, maltratados o apartados de sus dueños como si fueran simples objetos.

Por tanto, la situación, si soy capaz de entenderla, es que tenemos al toro como ser sintiente, con sus derechos, pero no se beneficia de la ley de bienestar animal al estar pendiente de decidir si va a incluirse en un listado de animales silvestres en cautividad, que no está previsto que quede finalizado hasta dentro de un par de años. Vale pues. Ahora queda claro: dentro de dos años se acaban las corridas, ¿no? Pues va a ser bastante improbable que esto ocurra porque el Tribunal Constitucional ha declarado inconstitucionales tanto la ley del Parlament de Cataluña, que prohibía todos aquellos espectáculos públicos donde hubiera sufrimiento animal –a los toros que obligan a participar en los «correbous» les preguntaron si sufrían y contestaron que no–, como la del Parlament Balear que prohibía la muerte de los toros en las corridas así como la entrada de menores de edad a las plazas. Los recursos de inconstitucionalidad fueron promovidos, en el primer caso por el Partido Popular y, en el segundo, por el Gobierno de España, en 2017, cuando en él estaba el mismo partido. El actual Gobierno, progresista según su autodenominación, excluyó los espectáculos taurinos del bono cultural joven de 400 €, exclusión que fue anulada por el Tribunal Supremo. En España existe una ley, la 18/2013, que regula la Tauromaquia como patrimonio cultural, cuyo preámbulo se inicia de este modo:

La Tauromaquia forma parte del patrimonio histórico y cultural común de todos los españoles, en cuanto actividad enraizada en nuestra historia y en nuestro acervo cultural común, como así lo demuestran las partidas de Alfonso X el Sabio, que ya en el siglo XIII contemplaban y regulaban esta materia.

Las fiestas o espectáculos taurinos, incluyen no sólo a las corridas de toros sino un numeroso conjunto de tradiciones y festejos populares vinculados al mundo del toro, que a su vez comprenden lo que hoy entendemos por «Tauromaquia». Todo esto es signo de identidad colectiva, y ello justifica que su preservación corresponda y competa a todos los poderes públicos.

El carácter cultural de la Tauromaquia es indiscutible y merece ser preservado como un tesoro propio de nuestro país, rico en culturas distintas. Esa específica manifestación cultural ha sido, incluso, exportada a otros países que la desarrollan, promocionan y protegen.

Otra ley, la 10/2015, de 26 de mayo, para la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, también es tenida en cuenta para las sentencias de los tribunales. Pero, quien no da su brazo a torcer es el PACMA que, hace escasos días, publicaba su satisfacción ante la probación, por parte de la Junta Electoral Central, de la validez de la firma digital para adherirse a una Iniciativa Legislativa Popular para derogar la ley del Patrimonio Cultural de la Tauromaquia. Algunos datos sobre este partido político, que lo es en tanto que así lo determinan sus estatutos:

  • Se constituye en el año 2003 como Partido Antitaurino Contra el Maltrato Animal (PACMA)
  • En 2011 pasa a denominarse Partido Animalista Contra el Maltrato Animal (PACMA)
  • En 2022 pasa a denominarse Partido Animalista Con el Medio Ambiente (PACMA)
  • Desde su fundación, se ha presentado en todas las elecciones, tanto generales como europeas, autonómicas y municipales, con un resultado no muy exitoso: 0 diputados, 0 ediles.

Como me pareció una buena iniciativa, me propuse mi adhesión a la ILP, nada fácil por otra parte. Conseguir renovar el certificado digital –te enteras de que está caducado cuando lo vas a utilizar– no ha sido nada fácil: tres máquinas en la comisaría de policía para la obtención del certificicado y sus renovaciones, de las que solo funcionaba una, y una cola provocada por ciudadanos que no disponen del grado de ingenieros informáticos. Ayer por la tarde (21 octubre 2024), lo conseguí. ¿Va a servir para algo? Creo que lo que va a suceder será lo siguiente:

  • Conseguirán el número de firmas necesarias a pesar de lo dificultoso del proceso
  • La propuesta será aprobada por el grueso de las fuerzas «progresistas»
  • Se publicará la ley
  • Los partidos «conservadores» la recurrirán por inconstitucional.
  • El Tribunal Constitucional la derogará
  • Nos pondremos a ver, en Filmin, la película «Atrapados en el tiempo», más conocida como el Día de la Marmota.

Es un dislate completo que las leyes obliguen a sedar a los animales que van a ser sacrificados para nuestra alimentación (no la de los veganos) o que clamemos contra la muerte «halal» de los corderos, y que no se apliquen al toro de lidia; claro que, si se seda al toro, se acabó la fiesta. Pero iré a ver «Tardes de soledad», porque el arte no debe prohibirse, a no ser que la propia manifestación artística vaya en contra de los derechos, tanto de seres humanos como de seres sintientes.

Os dejo un fragmento de la película «Solos los dos«, lo único aprovechable de ella, con una gran Pepa Flores y un no tan grande Palomo Linares.

PS. Os pido disculpas por el tiempo transcurrido entre publicación y publicación, pero me ocurre que, teniendo tiempo para todo, no tengo tiempo para nada. Esta entrada, por conflictiva, se merece algún comentario. ¿Alguno de vosotros no tiene una idea formada sobre los temas que se abordan en ella? Muchas gracias por vuestro soporte.


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7 comentarios en “«Tardes de soledad». Arte sobre la barbarie.

  1. Yo creo que si fuera ficción, sin que hubiera muerte real de animales, incluso si no hubiera animales reales, sería una forma de hacer arte, quizá. Si fuera un documental que buscase criminalizar y criticar el maltrato animal, es decir, una exposición buscada de la crítica consciente, sería arte. Pero siendo lo que es, directamente, es un alegato a la perpetuación de la violencia innecesaria, gratuita e inexcusable.

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    • Muchas gracias por el comentario. Creo que estamos de acuerdo en que las corridas de toros son un espectáculo de un salvajismo anacrónico y sin ningún tipo de justificación, como creo que he dejado claro en mi artículo. Nos diferencia la censura que implica la no exhibición de una película. El cine es un medio para la expresión artística. Si sus obras son más o menos artísticas, lo dirá probablemente el tiempo. Ni siquiera el éxito en las taquillas define la calidad artística de una película. Prohibir su exhibición, es en mi opinión un acto que abre el camino hacia cualquier tipo de censura, en un momento donde precisamente, y para mejorar la libertad de expresión, se está modificando la ley para suprimir, por ejemplo, el delito de injurias a la corona. En mi opinión, los cordones sanitarios, y la censura no es más que esto, no funcionan. Tenemos el ejemplo más claro en los cordones aplicados a la extrema derecha. Lo único que provocan es lo contrario de lo que pretenden evitar. Es mejor discutir con datos que desmonten las falsedades que propugna, basadas en medias verdades. En el caso del arte, lo mejor es dejar en manos de los ciudadanos si desean ver la película o no. No es algo obligatorio. Es más, estoy convencido de que ciudadanos que aún no se hayan posicionado respecto a la abolición de la tauromaquia, pueden verse claramente favorables a ella en el momento en que vean el terror de la muerte y la tortura, perfectamente plasmados en la película de Serra. Aplaudo las tareas en defensa de los animales, extremadamente difíciles dado el conjunto de intereses tanto políticos como económicos.

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  2. La complejidad e intensidad de los artículos que nos regalas en este querido blog me obligan a leérmelos dos o tres veces antes de comentaros. Como no se me da tan bien como a Ti el escribir, te dejo una serie de comentarios sueltos.

    1. Creo que las censuras deben ser las mínimas posibles. Las prohibiciones de cosas que tiene arraigo en las sociedades (larga historia y transfondo político detrás) deben sopesarse muchísimo antes de llevarse a cabo, puesto que fomentan siempre polemicas y reacciones innecesarias entre los contrarios a dicha censura o prohibición. Los espectaculos de toros van desapareciendo por si solos sin necesidad de campañas agresivas, pura y simplemente porque las sociedades cambian y el tema se va convirtiendo en marginal
    2. Los movimientos tipo PACMA (antialgo) disfrazados de partido político para mi no son fiables. Y del resto de cosas que pasan que opinan?. Que conste que Yo he votado, por ejemplo, al partido del Voto en Blanco, pero siempre me he quedado con las ganas de saber que hubiera pasado si llegan a obtener algún escaño
    3. No pongo en duda el valor artistico del film. El Jurado que ha otorgado el Galardon se supone que entiende de cine. Yo tengo claro que que no vere la pelicula ya que no me gusta ni me interesa el tema. Lamentablemente soy incapaz de valorar el arte por el arte. De todas formas considero interesante que los artistas provoquen y por lo tanto creen polemica ya que como minimo nos ayudan a pensar
    4. No apoyo las campañas de revision del pasado que fomentan la censura, ocultacion y derribo de estatuas, libros, obras de arte, etc..; pero si estoy de acuerdo en que se revise el pasado y se pongan en evidencia, en el contexto historico correspondiente, los errores e injusticias de ese pasado. Bienvenidas sean las disculpas y los acercamientos que a veces se derivan de ello

    Gracias Agustin por este blog. Un fuerte abrazo. Toni M.

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    • Gracias Toni por tu comentario (tenemos que arreglar esto de que no puedas comentar con tu cuenta de suscriptor). Los comentarios, como dice WordPress, son la mejor parte de los blogs, y de ahí que casi suplique que los hagáis. Además, tu comentario sé que es sincero, pues, cuando opinas que el artículo no está a la altura, me lo haces saber también, aunque tienes la delicadeza de no hacerlo de forma pública. Cuando el comentario, además, está elaborado, satisface aún mucho más. El debate es sano y tener distintas formas de vista, también, siempre y cuando, coincidamos en los valores básicos, como ocurre entre tu comentario y mi escrito. La forma es lo que puede separarnos, como ocurre con el PACMA, que ha manifestado su disconformidad a través de Linkedin. Siendo, como son, las corridas un reclamo turístico, siempre habrá quien quiera mantener esa tradición activa. ¿De verdad crees que la parte taurina de los Sanfermines acabará siendo una fiesta marginal? Y, entiendo perfectamente, que los pamplonicas no quieran que se cancele, ni que las corridas muten a la portuguesa. Te sorprenderías de la cantidad de catalanes, amantes de las corridas, que hacen turismo nacional o al sur de Francia, para disfrutar de su pasión. «La franja sur es una trinchera para los toros, prohibidos en el 80% del territorio, pero protegidos por su excepcionalidad cultural: su defensa es transpartidista; 100 festejos al año funcionan como motor económico y fuente de turismo». Nimes es el ejemplo más claro. Además, el ruedo es un anfiteatro romano del 27 a.c. Sobre el valor artístico del film, no podré opinar hasta haberlo visto, aunque doy por seguro que me gustará más que «Megalócolis». Un fuerte abrazo.

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  3. Quizás me he pasado un poco con la afirmación de que los toros es un espectáculo que tiende a marginal. Es una generalización, siempre peligrosa, que por supuesto no es valida en muchas partes y menos cuando es el centro de las fiestas como en Pamplona y en muchos otros sitios. En muchas plazas de España, sin embargo, no hay mas corridas que las que se organizan alrededor de sus fiestas patronales, cuando hace no tantos años había temporada fija durante todo el periodo que va de Abril a Setiembre

    Respuesta que me da la IA respecto al caso de Francia: «No, en la plaza de toros de Nimes, en Francia, los toros no son matados en las corridas. Aunque en Nimes se celebran corridas de toros y la ciudad tiene una fuerte tradición taurina, estas prácticas están reguladas por leyes francesas que prohíben la muerte de los toros en espectáculos públicos fuera de algunas zonas del sur del país, donde las excepciones son históricas.

    Sin embargo, en algunas ocasiones específicas, como durante las ferias taurinas en el sur de Francia (incluyendo en Nimes), se llevan a cabo corridas de toros al estilo español donde sí puede haber matanza del animal. Pero este es un caso especial y se permite solo en ciertas ciudades francesas, donde la tauromaquia es una tradición cultural reconocida y tiene un estatus legal específico»

    Tampoco estan prohibidos los Correbous en Catalunya, como tu mencionas, ni las fiestas de caballos en Baleares, ni muchas otras fiestas con animales que también comportan como mínimo un cierto maltrato animal. Hay aquello de lo Mio no me lo toques (que difícil es ir cambiando las fiestas populares), pero no dudo que poquito a poco las partes mas negativas van cambiando y al cabo de unos años los propios del lugar defiende que aquello se ha hecho así desde siempre.

    Ya he dicho de entrada que no soy partidario de prohibir si se puede evitar. Ojala la crueldad animal, y humana, no existiera, pero creo que como sociedad tenemos problemas mucho mas graves que resolver.

    Los toros, y unas cuantas cosa mas, no me interesan ni me han interesado nunca; pero no me molesta en absoluto que a Otros les interese y que los disfruten siempre y cuando eso no implique que por no gustarme ciertas cosas me califiquen de lo que sea (En fin, como dijo Alguien, haced como Yo y no nos metamos en política)

    Un fuerte abrazo

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    • No te fíes de ChatGPT. Una vez me dijo que «El diario de Ana Frank» era una novela romántica. Eso sí, después de reñirle, pidió disculpas y reconoció el error. Su educación es mejor que la de muchos humanos. No me extraña que haya quien se enamore de sus avatares y acabe suicidándose. Fuerte abrazo y hasta pronto.

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