El hombre hemostático

© Agustí Amorós

«Yo, Sinuhé, hijo de Senmut, en mis días de vejez y de decepción estoy hastiado de la mentira. Por eso escribo para mí solo lo que he visto con mis propios ojos o comprobado como verdad.»

Este párrafo figura al final de la primera página del libro «Sinuhé el egipcio» del escritor finlandés Mika Waltari. Leí Sinuhé en mi adolescencia. Mis padres eran unos de los cerca de un millón de socios que tenía la editorial «Círculo de Lectores». Más que comprar una suscripción, se la colocó un vendedor ambulante porque, allí por los 60, los vendedores iban por las viviendas haciendo puerta fría. Mis padres pagaban una cuota mensual, lo que les daba derecho a recibir una revista cada mes con los libros incluidos en el catálogo, resaltando novedades, para que los asociados hicieran saber a la editorial el libro que deseaban. En el caso de no realizar ningún pedido, el Círculo de Lectores remitía a los hogares lo que imagino sería el libro del mes. La empresa editaba sus propios libros en unos ejemplares de una calidad aceptable –tengo algunos ejemplares aún por casa–, a un precio más competitivo que los de mercado, en una época donde comprar libros era toda una aventura. No recuerdo que existieran librerías, más allá de las de El Corte Inglés y la de Can Jorba, posteriormente Jorba Preciados y Galería Preciados. Tampoco una red de bibliotecas públicas como la actualmente existente. La que más frecuentaba para hacer trabajos escolares –la de Sant Andreu del Palomar en Barcelona– no disponía de las últimas novedades. Recuerdo más bien todo tipo de enciclopedias.

El caso es que un día apareció por casa la historia del médico egipcio Sinuhé, que inmediatamente pasó a mis manos puesto que, de todos mis hermanos, parece que era yo el único que tenía pasión por la lectura.

El libro en papel tiene una virtud que nunca conseguirá el libro digital: se trata de su poder evocador. Cada vez que tomamos un libro de nuestra estantería, recordamos un sinfín de cosas. Desde cómo llegó este libro a tus manos, pasando por los lugares en que lo leíste; también sucesos que ocurrieron durante esa lectura y, como no, de qué manera su contenido influyó en tu persona, sobre todo cuando eres joven, prácticamente adolescente, y estás creando tu personalidad. Esto ha ocurrido al extraer recientemente de mi biblioteca el ejemplar de Sinhué el egipcio que me regalaron mis padres.

La obra de Mika Waltari, ha propiciado la vocación de muchos egiptólogos. También una curiosidad por el mundo egipcio propiciando la necesidad de visitar Egipto, explorar museos de arte egipcio por toda Europa e interesarse por el Templo de Debod. Para los que leímos Sinuhé mientras nos instruía la enseñanza franquista, significó también el descubrimiento de una sexualidad reprimida que se nos abría a través del inolvidable relato de la relación entre un jovencísimo aprendiz de trepanador y la tres veces bella NeferNeferNefer. Por aquella época, mi padre, seguramente a petición de mi madre –las madres lo saben todo– me obsequió con otro libro que seguramente habría leído de joven mientras se formaba en el seminario –muchos jóvenes fueron enviados al finalizar la guerra civil, a ser formados en los seminarios donde recibían enseñanza gratuita–. El libro era «Energía y Pureza» de Monseñor Tihamer Toth, Obispo de Veszprem (Hungría), y no precisamente porque Toth fuera uno de los dioses egipcios principales (es el que tiene cabeza de Ibis). Si pincháis en el enlace y leéis el índice, os haréis una idea de su contenido. Empezaba a conocer las incoherencias involuntarias de los mayores.

Una de las prácticas médicas en el antiguo Egipto consistía en la trepanación. Cuando un enfermo padecía un mal incurable, el último remedio consistía en abrirle la tapa de los sesos y ver que el cerebro presentara un aspecto normal. Primero se le rapaba la cabeza y posteriormente, con un taladro, se procedía a destapar la tapa cerebral. En ocasiones convenía achicar de su interior sangre coagulada, o extraer lo que llamaban pelotas –seguramente tumores–, o incluso alguna esquirla ósea que estuviera clavada en él. Al finalizar, se tapaba de nuevo y a esperar el resultado. Convenía ser muy preciso durante la intervención pues existía un serio riesgo de que se produjera una hemorragia. Pero como todo lo tenían previsto, la operación era presenciada por un cortesano cuya función era detener, simplemente con su presencia, cualquier derrame extraordinario de sangre. Esta persona recibía el nombre de «hombre hemostático». A todos los faraones, antes de morir, se les practicaba una trepanación y, en el caso de que se produjera una hemorragia y el soberano falleciera, el hombre hemostático debía morir.

Recordé esta parte del libro en ocasión de una reunión a la que asistí en calidad de responsable de ventas, acompañado por un par de técnicos de mi empresa. La reunión consistía en la presentación de un producto de consultoría informática. Como al cliente ya le conocía y le tenía convencido prácticamente de la compra, el encuentro estuvo centrado en la clarificación de los aspectos más técnicos cuya responsabilidad correspondía a mis compañeros. Todo fue conforme a lo planificado y apenas tuve que intervenir. Ya camino del aeropuerto, uno de ellos se dirigió a mí para, en tono de media chanza, hacerme notar que apenas había intervenido. Entonces, no pude evitarlo y, de todas las respuestas posibles en una circunstancia como aquella, respondí sin dudarlo un segundo:

–Soy el hombre hemostático y contribuyo, simplemente con mi presencia, a que todo funcione debidamente y el cliente acabe comprando.

Aún me estoy riendo.

PD. Agradezco vuestros comentarios. Es lo único que me motiva a seguir manteniendo este blog. Si eres uno de los dos compañeros que participaron en la reunión, tu comentario será aún mejor recibido. No hay censura previa.


Descubre más desde MI AZOTEA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

8 comentarios en “El hombre hemostático

  1. amb una carrera tan extensa, els periodistes consultors podríem haver estat ben bé 200 persones, pel cap baix. Quina manera més astuta de sol·licitar comentaris!

    Pel que fa a mi, recordo converses del Banco Atlántico, de català, de cine i de fotografia, però no pas d’hemostàsia.

    Me gusta

  2. Esperaba un comentario postelectoral y averiguar qué político era el hemostático. La primera decepción se ha trocado en emoción al evocar viejos recuerdos de adolescencia. Me crié en una familia con muy baja cultura lectora y los libros fueron entrando en casa a partir de regalos de cumpleaños, buenas notas, reyes, etc. Cuando nos hicimos socios del Círculo se abrió un mundo maravilloso y yo estaba deseando la llegada de la revista para elegir los libros del trimestre. Cuando me independicé seguí siendo socio muchos años y tengo muchos libros del Circulo (no suelo deshacerme de ningún libro) y seguro que en un trastero que tengo lleno de armarios con libros estará el de Sinuhe. Me gusta mucho la novela histórica tan de moda desde hace unos años y estas novelas precursoras deberían ser releídas.

    Como antiguo cliente de tu antigua empresa podríamos haber sido potencialmente coprotagonistas de la escena que relatas.

    Un abrazo.

    Me gusta

    • Lamentablemente pocos de nuestros políticos son capaces de detener una hemorragia. Sin embargo tienen una gran capacidad para provocarlas. Quizás el sobrenombre de «hemostático» lo podríamos aplicar a Salvador Illa que ,hoy por hoy, aparenta tener algún don en este sentido, pero tampoco conviene lanzar las campanas al vuelo. No me gusta escribir de política porque cada uno es de su padre y de su madre y al final acaba recibiendo el que menos culpa tiene: el que escribe. Hice una excepción con mi anterior artículo, preocupado más por el auge de la xenofobia que por otra cosa. Sinuhé era, y es, un gran libro. Hojeándolo ahora me sorprendo de su densidad y de cómo unos chavales, tu y yo por ejemplo, eran capaces de leer unos tochos que ahora no venderían un solo ejemplar.

      Es posible Xavier, quizás era camino al Euromed y no al aeropuerto.

      Un abrazo.

      Me gusta

  3. Pingback: Felices Fiestas y un fantástico 2025. | MI AZOTEA

  4. Pingback: Mis mejores deseos para 2026 | MI AZOTEA

Deja un comentario