El judaísmo dilapida su principal activo.

La película «Éxodo» de Otto Preminger y el libro «Oh, Jerusalén» de Dominique Lapierre y Larry Collins, marcaron en mi juventud temprana una gran admiración por los judíos y la creación del estado de Israel.

¿Cómo no simpatizar con los protagonistas de la vibrante historia de unos supervivientes de los campos de exterminio alemanes que, viajando en un barco mercante (Éxodo), van a Palestina y crean el estado de Israel? Si añadimos una banda sonora extraordinaria, premiada con el Óscar, el protagonismo de un Paul Newman en plenitud, o el de Sal Mineo, Óscar a mejor actor secundario al que ya había visto en «Gigante» y «Rebelde sin causa» y un adoctrinamiento escolar en el que el pueblo elegido era el protagonista de la mayor historia jamás contada, tenemos el menú perfecto para que me declarase defensor a ultranza del pueblo judío y su retorno a la tierra prometida. Por razones obvias no recuerdo la fecha en que mis padres me llevaron al cine a verla. Leo ahora, al documentarme, que la censura franquista modificó algún diálogo para ocultar los crímenes nazis contra los judíos. Ninguna sorpresa.

Bastantes años más tarde, no hace mucho de ello, me interesé por lo que había de cierto en la película. Como ha ocurrido con el Napoleón de Scott, las licencias históricas son de campeonato. Pero Éxodo sigue siendo una gran película, eso sí mejor verla en inglés subtitulado. Tanto el film de Otto Preminger como el libro en que se basa, escrito por Leon Uris, poco tienen que ver con la realidad. El buque existió, pero fue interceptado cerca de Haifa por las autoridades británicas (seguían gobernando íntegramente Palestina) y regresó a Port-de-Bouc (Francia). Las autoridades británicas se hacían los suecos ante la política de las comunidades judías de ir acogiendo, atendiendo a su llamada, a judíos procedentes principalmente de Europa, aunque eso sí, en pequeñas cantidades, pero el Exodus 47 transportaba 4.500 migrantes, en un intento por parte de la Haganah (embrión del actual ejército israelí) de llamar la atención de todos los países, lo que no era del agrado de los británicos. El gobierno francés, en un intento de lavarse las manos, permitió a los pasajeros pisar territorio francés de forma voluntaria. Como nadie quiso hacerlo, el barco prosiguió su rumbo hacia campos de deportados en Alemania que estaban en zonas ocupadas por los británicos, y allí se quedaron. Una vez constituido el estado de Israel, viajaron a él de forma dispersa. Nada que ver con la epopeya de Éxodo, pero no me cansaré de repetir que, al igual que en El hombre que mató a Liberty Valance, «cuando la historia se convierte en leyenda, hay que escribir sobre la leyenda».

Según el historiador Larry Portis, la principal crítica histórica que puede hacerse al film es presentar sólo uno de los lados del conflicto; los soldados de la Haganah aparecen como unos pocos hombres valientes y mal armados defendiendo un kibutz (asentamiento rural judío) frente a los árabes fanáticos y encuadrados como exsoldados nazis. Esto va a ser una constante: el lado bueno frente el lado malo. Un nacionalismo bueno, buenísimo, frente a un nacionalismo malo, malísimo.

Unos años más tarde, después de haber leído «Esta noche la libertad«, la novelizada historia de la independencia de la India escrita por Dominique Lapierre y Larry Collins, leí «Oh, Jerusalén«, la historia de la creación de estado de Israel. Un trepidante relato que, por lo que he sabido después, respeta bastante los hechos históricos. Con 17 años y sin aficiones políticas no se dispone, o al menos yo no la tenía, capacidad para ningún tipo de opinión distinta a la de «me ha gustado» – «no me ha gustado». Confrontar dos procesos de independencia que fueron implementados por el mismo gobierno, el británico, sí fue un buen ejercicio.

La independencia de la India tuvo como consecuencia la creación de dos estados: India y Paquistán, consecuencia del llamado plan Mountbatten, virrey de las indias a través de la Compañía Británica de las Indias Orientales, consistente en separar geográficamente las dos religiones mayoritarias de su territorio: musulmanes e hindúes. Ghandi, el líder pacifista del movimiento independentista era contrario a esta división, pero Mountbatten la impuso. Recordemos que Ghandi fue asesinado por un fanático que le hacía culpable de la división de la India. «Esta noche la libertad» narra todo el proceso, así como el drama de las columnas de desplazados yendo cada cual al territorio que tenía asignado. Hoy en día la República Islámica del Pakistán es un estado reconocido y de pleno derecho; Pakistán oriental, separado del occidental por 1.600 kms., consiguió su independencia en 1971 y hoy es la República Popular de Bangladesh. Las únicas disputas son las que siguen produciéndose en Cachemira, donde una pequeña parte del territorio de la India es ocupado por musulmanes.

El Mandato británico para Palestina, encomendado por la Sociedad de Naciones, organización surgida al finalizar la 1ª Guerra Mundial en el tratado de Versalles con el propósito de establecer las bases para la paz y la reorganización de las relaciones internacionales, quedó encargado de gestionar los territorios perdidos por el imperio otomano al finalizar la guerra. Durante la Primera Guerra Mundial los británicos habían hecho dos promesas sobre sus territorios en Oriente Medio: prometieron a los árabes de la zona, a través de su agente Lawrence de Arabia, que obtendrían la independencia para crear un gran Estado árabe unido que abarcaría todo Oriente Medio, pero al unísono prometieron que se crearía un «hogar nacional judío» en Palestina, tal como se había establecido en la Declaración Balfour en 1917.

El Gobierno de Su Majestad contempla con beneplácito el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, entendiéndose claramente que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, o los derechos y el estatus político de los judíos en cualquier otro país.

Wikipedia

Las trifulcas entre ambos mandos hasta la finalización de este primer período dan para una enciclopedia, pero no tengo el conocimiento suficiente ni el ánimo necesario para hacer una síntesis de todo lo que leo. El caso es que, finalmente y viendo que la situación se les escapaba de las manos, los británicos anunciaron su deseo de finalizar el mandato procediendo a su retirada en mayo de 1948. El 14 de ese mes, un día antes de la retirada británica de Palestina, se proclamó la creación del Estado judío que se llamaría Estado de Israel, consecuencia del plan aprobado por un conjunto de países que conformaban el UNSCOP (Comité especial de las Naciones Unidas para Palestina), creado por la ONU, sucesora de la Sociedad de Naciones, y que fue votado y aprobado en la misma ONU. El plan contemplaba la creación de dos estados independientes, uno para los árabes y otro para los israelíes, dejando Jerusalén bajo administración internacional. Como es bien sabido el estado palestino nunca llegó a crearse dado que los árabes no aceptaron la división del territorio ni reconocieron al nuevo estado.

«Oh, Jerusalén» hacía referencia, como no, al holocausto, lo que motivó que leyera «Treblinka» de Jean-François Steiner, una impactante novelización del testimonio de 40 supervivientes del menos conocido campo de exterminio, Treblinka, situado en Polonia. Ningún otro libro me ha dejado en tal estado de shock. Entendí que el holocausto justificaba de por sí cualquier decisión que implicara un resarcimiento que nunca, por más que se hiciera, llegaría a borrar el horror sufrido. Libros fotográficos como «Deportación. El horror de los campos de concentración«, con las fotografías de lo que encontraron los aliados al entrar en los campos de exterminio, así como el asesinato de los atletas olímpicos israelitas en las olimpiadas de Munich 72, no hicieron más que confirmar lo que sentí, y sigo sintiendo, ante las atrocidades y la barbarie de la Alemania nazi.

El 27 de enero fue el Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto y por tanto el 78.º aniversario de la liberación del campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau. El día de su 50 aniversario (1995) organicé en Sitges un acto que tuvo como centro la audición de la obra «A child of our time», obra que el músico británico Michael Tippett compuso, entre 1939 y 1941, a modo de oratorio bachiano (las corales luteranas son sustituidas por espirituales afroamericanos). Lo hizo impactado por el progromo de la noche de los cristales rotos, reacción del gobierno alemán al asesinato de un diplomático a manos de un joven refugiado judío en 1938. La violencia siempre ha generado más violencia y ninguna de ellas se justifica a sí misma ni a las que la provocan. El texto, escrito por el propio compositor, fue repartido entre los asistentes en inglés, castellano y catalán, acompañado por reproducciones de algunos dibujos del Diario de Helga Weiss realizados durante su permanencia en Auschwitz-Birkenau, cortesía de un amigo judío con quien me reencontré hace algo más de un año, casualmente, tras más de dos décadas de desconexión. Retomamos de esta forma una amistad que ha sido durante algo más de un año sumamente placentera.

El largo tiempo transcurrido entre la constitución de Israel como estado y el ataque terrorista de Hamás del 7 de Octubre, ha estado plagado de conflictos que no son objeto de esta publicación pero que no por ello son inexistentes. Occidente se ha posicionado durante todo este tiempo del lado de Israel mientras que el mundo árabe ha hecho costado a los palestinos. EEUU ha sido, y sigue siendo, el principal valedor judío. Europa, acomplejada por su culpabilidad en el exterminio de seis millones de judíos y, no lo olvidemos, cerca de 250.000 gitanos, también ha hecho lo mismo. El gran activo judío, el que ha provocado mayores adhesiones, ha sido el genocidio al que fueron sometidos sus antepasados. Literatura, cine, teatro, pensamiento, pintura, escultura, memoriales, etc. se han volcado, como no podía ser de otra manera, para que la mayor atrocidad de la historia de la humanidad no cayera en el olvido. Sin ánimos de hacer una lista exhaustiva cito como películas para mí imprescindibles: «La lista de Schindler«, «El hijo de Saúl«, «El diario de Ana Franch» (1959) y fundamentalmente «Shoah», un documental realizado por Claude Lanzmann de nueve horas y media de duración, en formato entrevistas. El director dedicó más de 10 años de su vida en realizarlo. Es pues un documental de historia oral que reúne los testimonios, en primera persona, de víctimas, testigos y verdugos del exterminio de las comunidades judías durante la Segunda Guerra Mundial.

El relato de los árabes de palestina carece de la épica judía. Viene a ser como el de los autóctonos norteamericanos que sufrieron el genocidio perpetrado por los blancos durante la colonización. Siendo víctimas de una injusticia histórica, la épica y sus leyendas fueron capitalizadas por el 7º de caballería o Buffalo Bill, por citar solo un par. Cineastas como John Ford o Raoul Walsh, entre muchos otros, ayudaron a dibujar un imaginario mental rechazado conforme la madurez nos iba envolviendo. Directoras como las hermanas Jacir (Annemarie y Emily), ambas palestinas, son una excepción. No olvidemos que Hamás, que es quien gobierna en Gaza, es una formación fundamentalista con las mismas bases que el Estado Islámico; en consecuencia, el cine palestino debe actuar según los preceptos de esta ideología. Esto no obsta para que se hayan filmado algunas películas sobre el conflicto, que relaciono a continuación:

La complejidad de la situación actual explica por qué es tan difícil encontrarle una solución. A modo de resumen y sin pretender una lista completa:

  • Palestina no está reconocida como estado independiente por Israel, tampoco por EEUU ni por la UE. Palestina sí tiene reconocimiento como nación. Eso hace que nacionalismos que aspiren a ser estados hayan empatizado con ella a lo largo de la historia.
  • La Franja de Gaza, junto con CisjordaniaJerusalén Este y los Altos del Golán , está considerada por la comunidad internacional como «territorio ocupado» por Israel desde 1967. Además, desde 2007 está sujeta a un bloqueo militar por parte de Israel y Egipto.
  • El gobierno de estos territorios corresponde a la Autoridad Nacional Palestina, que tiene la interlocución internacional reconocida y es receptora de las ayudas occidentales.
  • Gaza, es una autonomía que desde 2006 está gobernada por Hamás, una organización considerada terrorista, con ideología similar a ISIS, cuyo objetivo principal es la aniquilación del estado de Israel.
  • ​Israel ejerce sobre Gaza un apartheid denunciado internacionalmente:
    • Mantiene el control directo de las fronteras de Gaza, exceptuando la frontera sur que limita con Egipto.
    • Controla su espacio aéreo y marítimo, así como seis de los siete pasos fronterizos gazatíes.
    • Se reserva el derecho de entrar en la Franja de Gaza cuando lo considere oportuno y su ejército mantiene una tierra de nadie de 500 kms. dentro del propio territorio gazatí, como zona de seguridad con Israel.
    • La Franja de Gaza depende de Israel en términos de agua corriente, electricidad, telecomunicaciones y otros servicios.​
  • El número de colonos judíos en Jerusalén Este es de 201.200, mientras que en Cisjordania es de 385.000. Los asentamientos de colonos se realizan con la política de hechos consumados.
  • El ejército israelí puede entrar, y entra, en Cisjordania cuando lo considera oportuno, deteniendo e incluso matando a aquellos que consideran «terroristas».
  • En Gaza vivían antes de la actual guerra más de 2.200.000 de habitantes, siendo la tercera entidad política del mundo en cuanto a densidad de población.
  • Netanyahu pactó con Qatar el envío de dinero durante los últimos 15 años al brazo armado de Hamás para debilitar a la Autoridad Palestina.
  • El 7 de octubre de 2023, Hamás atacó varias localidades del sur de Israel. Según el Ministerio de Salud israelí, al menos 1.200 personas perdieron la vida y casi 3.500 resultaron heridas. Según las misma fuente, 238 fueron secuestrados, manteniéndose en esta situación unas 100, después de un intercambio de rehenes entre ambos gobiernos.
  • Israel declara la guerra a Hamás bombardeando e invadiendo Gaza. Hasta la fecha las víctimas palestinas suman la cifra oficial de 25.000 fallecidos, siendo 5 de cada diez menores de edad y 3 de cada diez, mujeres. Existen también unos 60.000 heridos de diversa gravedad y más de 8.000 desaparecidos, probablemente sepultados entre los restos de edificios bombardeados, incluyendo hospitales y todo tipo de infraestructuras.
  • Más de 1.700.000 palestinos han sido obligados a desplazarse hacia el sur de Gaza y se encuentran en campos de refugiados dependientes de la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Próximo) o cercanos a ellos.
  • La UNRWA acoge a 5,9 millones de personas, casi la cuarta parte de la población refugiada del mundo, desde que se inició el conflicto hace casi siete décadas, y ha sido la encargada de garantizar el acceso a educación, sanidad, ayuda humanitaria y servicios sociales a los refugiados y refugiadas de Palestina repartidos entre Siria, Líbano, Jordania y el territorio Palestino ocupado, a la espera una solución justa y definitiva.
  • Los servicios de inteligencia israelíes manifestaron haber detectado 12 integrantes de la UNRWA (de los 13.000 palestinos contratados por la Organización) que participaron de una manera u otra en la masacre del 7 de octubre. Este hecho propició la retirada momentánea de ayudas por parte de algunos de los países que vienen aportando fondos. La ONU sigue investigando estos casos y algunos países han afirmado que mantienen sus ayudas mientras algunos que las retiraron han vuelto a la situación inicial.
  • Además de la quema de viviendas, las bombas lanzadas por el ejército israelí y los combates han destruido total o parcialmente entre 144.000 y 175.000 edificios en toda la franja de Gaza, lo que supone entre el 50% y el 61% del total de edificaciones según el análisis de las imágenes de satélite realizado por algunas universidades norteamericanas. El 90% de la población de Gaza se encuentra desplazada y más de un millón se concentra en Rafah, la frontera con Egipto. Las tropas israelíes tienen instrucciones de explosionar las viviendas que no hayan sido destruidas por las bombas o los misiles. La orden es la destrucción absoluta de Gaza.
  • Israel desatiende las peticiones internacionales de alto el fuego sobre la población de Gaza y de suministro de ayuda.
  • Tanto los ultranacionalistas israelíes como los terroristas palestinos se mantienen en el poder gracias a la perpetuación del conflicto.

Una de las personas que más se ha destacado en la lucha por la paz en Palestina es el pianista y director de orquesta Daniel Barenboim al que ya me referí, por su labor al frente de la orquesta West-Eastern Divan formada por israelís y palestinos, en la entrada «la música y la utilidad de lo inútil». En un capítulo de su libro «La música despierta el tiempo», se incluye un artículo publicado en Die Zeit, semanario alemán con sede en Hamburgo, en octubre de 1999. El artículo se tituló «Tengo un sueño» y en él Barenboim soñaba que era el primer ministro de Israel y se encontraba dirigiendo una sinfonía nueva: «el tratado que celebra la convivencia amistosa entre Israel y Palestina. Con esta obra conseguiré lo que ha sido imposible hasta el momento: la igualdad de derechos de estos dos pueblos de Oriente Medio». A continuación, explicaba en qué consiste el tratado. Barenboim, de religión judía y natural de Buenos Aires, tiene las nacionalidades argentina, española, israelí y palestina.

Cada vez más países, entre ellos España, EEUU y la UE, reclaman la creación de un estado palestino como solución definitiva al conflicto, pero no existe ningún interés, ni por parte de Hamás ni por parte de Israel, de que esto sea así, puesto que la guerra es la razón de existir de los dirigentes de ambas partes.

Durante el tiempo que ha durado la amistad entre mi reencontrado amigo judío y yo, hemos hablado en numerosas ocasiones del holocausto y quien fue el culpable de semejante barbaridad. Siempre he procurado orillar aquellos temas que pudieran generar tensiones innecesarias, por lo que el conflicto árabe-israelí nunca se había puesto encima de la mesa hasta que no hubo más remedio después del 7 de octubre. Él, de procedencia uruguaya, padres alemanes y afincado en Barcelona, sostenía de forma vehemente que sin el apoyo de todo el pueblo alemán Hitler no hubiera podido llevar a cabo su plan de exterminio. Alemania entera era conocedora, quizás no con todo lujo de detalles, de la captura de judíos, de cómo eran requisadas sus propiedades y de su traslado a campos de concentración. El odio de los alemanes a los judíos fue un sentimiento que fue extendiéndose con fuerza a partir del último tercio del siglo XIX. Los avances científicos, el contacto con civilizaciones africanas y asiáticas, así como la creencia de un «darwinismo sociológico», derivaron en una segmentación de la humanidad en razas, siendo la blanca la más evolucionada, según esas teorías, y por tanto una raza superior. En el nacionalismo europeo del siglo XIX había cierto grado de antijudaísmo; así, por ejemplo, hasta 1869 no se permitió a los judíos moverse libremente por Berlín y sus alrededores. Donde teníamos discrepancias era respecto a culpar a Wagner, aunque fuera indirectamente, del Holocausto. La discusión se centraba pues en la intencionalidad de Richard Wagner al escribir su libro «El judaísmo en la música» (Das Judenthum in der Musik), considerado por la mayoría judía como uno de los hitos más importantes del antijudaísmo alemán, principalmente por la admiración que su música despertaba en el gobierno nazi y su teoría de la superioridad artística alemana respecto a la judía. La música de Wagner no es que esté prohibida en Israel, pero no es del agrado del público, razón por la que no se interpreta. Yo había leído «El judaísmo en la música» y sostenía que Wagner, narcisista de manual, no podía soportar la competencia de músicos judíos como Felix Mendelssohn o Giacomo Meyerbeer, considerado el creador del drama musical romántico, e intentó demostrar que los judíos no podían componer auténtica música alemana como consecuencia de sus creencias, sumándose al carro del imperante antijudaísmo, pero que era más que probable que el gran genio se hubiera horrorizado si hubiera podido saber que, años más tarde, su literatura y su música serían utilizados como símbolos de la gran barbarie.

Barenboim, otra vez él, dirigió en un concierto en Jerusalén en el año 2001 en el que incluyó, previa autorización de los asistentes, el preludio de Tristán e Isolda. Lo hizo, según él, para normalizar la música de un compositor revolucionario en su creeatividad y sin cuya aportación no hubiera existido la música que se compuso a partir de él, separando por tanto su arte de su pensamiento. Como era de esperar, la iniciativa provocó protestas encendidas, como también lo hizo la transmisión por la radio pública israelí, en septiembre de 2018, de parte de la ópera «El ocaso de los dioses» en el programa «La voz de la música». El editor del programa tuvo que pedir perdón manifestando que «había sido una elección artística equivocada» y que no volvería a ocurrir.

Mi amigo me solicitó que le facilitara «El judaísmo en la música», lo que hice de manera solícita mientras reflexionaba acerca de la cantidad de opiniones que en ocasiones son emitidas sin tener más sustento que la tradición oral. Tenía también una fijación con el nacionalismo catalán al que atacaba de forma exagerada. Tanto es así que el que había sido gran amigo desde su juventud le echó de su casa, rompiendo definitivamente su relación, diciéndole a voz en grito que no le quería ver más y que era un «facha». Ambos son judíos y no deja de ser extraño que un judío llame a otro judío fascista, pero si entre ellos no se entienden, menos lo voy a hacer yo. El caso es que en mi cabeza fue germinando la idea de que mi apesadumbrado amigo era antinacionalista. En un análisis simplista, si alguien culpa a un pueblo, el alemán en este caso, de que su nacionalismo le lleva a matar, torturar, humillar y vejar a 6.000.000 de personas y al mismo tiempo cuestiona a su mejor amigo su pensamiento nacionalista hasta llegar a ser expulsado de su casi segunda casa, existen bastantes razones para pensar que se trata de un antinacionalista. El principal activo que sustentaba su identidad y el orgullo de pertenecer al colectivo judío era sin duda el holocausto, un horror que concita grandes empatías y adhesiones, como no puede ser de otra manera, mientras se mantenga la memoria histórica, esa memoria que se «alzheimeriza» normalmente en la tercera generación.

Y llegó el 7 de octubre. Inmediatamente le envié un mensaje interesándome por si su familia o alguien allegado habían sido afectados. Afortunadamente la respuesta fue negativa. Empezamos a cruzar información para defender cada uno de nosotros posiciones cada vez más dispares. Así, los colonos israelíes se convertían en alegres familias que iban con una roulotte a Cisjordania e instalaban un puesto de venta de cafés y entonces, palestinos y colonos se hacían la mar de amigos hasta que se liaban a tiros, navajazos o pedradas. De la misma manera, Israel hacía el favor de contratar recientemente a 2.000 empleados gazatíes para cubrir puestos de trabajo, principalmente de hostelería. Otro argumento esgrimido por todos aquellos a los que he escuchado o leído es lo bien que están los palestinos que decidieron no marchar a territorios palestinos, quedándose en Israel. Pero vamos a ver: el 63 % de los jóvenes de Gaza estaban sin trabajo. El total de palestinos de Gaza con permiso para trabajar en Israel era de 12.000, frente a sus 2.200.000 habitantes. Los colonos en Cisjordania son cerca de 385.000, en una estrategia clara de repetir la táctica que finalizó en la creación de Israel: la anexión por «el gran reemplazo» que aquí sí se está realizando de forma planificada. Respecto a preferir vivir en Israel a hacerlo en Gaza, creo que por mal que estén en Israel, marginados culturalmente e incluso viéndolos como ciudadanos de segunda clase, nadie que no sea fanático preferiría vivir bajo el paraguas del islamismo radical. Entre lo malo o lo peor, siempre hay que escoger lo primero, sobretodo porque lo mejor no figura como posible.

Los mensajes fueron incrementando el tono. Preguntado por si le parecía bien que Israel ordenara a los 2 MM de gazatíes a emigrar al sur de la franja porque iban a bombardear sus casas y a destruir sus ciudades, su respuesta fue que marcharan de Gaza y se fueran a Egipto. En uno de mis últimos mensajes (13 de octubre) le escribí lo siguiente: «La población civil no debe sufrir las ambiciones de sus dirigentes. Hacer desplazar a más de un millón de ciudadanos en una horas, al sur de la franja, mientras Israel bombardea la frontera con Egipto para que no salga nadie, es mandar a un millón de personas a una muerte segura. Desplazar a los heridos de hospitales es imposible. Son un millón de dramas de gente que no tiene culpa de nada. Eso, amigo, son crímenes de guerra».

Propuso que dejáramos de discutir por whatsapp puesto que el punto en el que estaba el conflicto le violentaba mucho. El 4 de diciembre nos citamos para tomar un café aprovechando que se había dejado en mi coche unas llaves la última vez que nos habíamos visto. Sentados frente a frente en una cafetería y sin pedir nada que tomar, le miré a los ojos y le lancé la pregunta: ¿crees que Israel está haciendo lo correcto bombardeando civiles en Gaza?

-¡Estamos en guerra! – fue su respuesta de tono elevado. -¿Quieres que se citen en Waterloo un día a una hora en concreto para luchar? ¡Eso no funciona así! ¿Qué solución propones?

-No me compete a mí aportar ninguna solución, pero de la misma manera que rechazo la barbarie del 7 de Octubre y no tengo ninguna duda respecto a que lo perpetrado por Hamás es una atrocidad, creo que bombardear de forma indiscriminada la población civil no es una solución. El mismísimo Daniel Barenboim ha declarado recientemente que condena los atentados de Hamás pero también condena le uso de la fuerza que está ejerciendo Israel y añade que la solución sigue siendo la de los dos estados.

-¡Estamos en guerra!

– Pero estáis en guerra, ya que te incluyes, porque la habéis declarado vosotros. En España tuvimos durante muchos años terrorismo procedente de ciudadanos vascos y nunca se le ocurrió a nadie bombardear Euskadi para acabar con ellos, sus familiares y sus depósitos de armas. Pero respóndeme a una pregunta: ¿tú eres nacionalista?

Y con una mirada que trasmitía más que sus palabras alzó la voz afirmado de manera muy enérgica: -¡Nacionalista, no. Soy ultranacionalista!

Algo estalló en mi cabeza. Constaté de forma evidente algo que ya conocía aunque nunca me había enfrentado a ello con tal crudeza: que todos los nacionalismos extremos son malos, excepto el propio que siempre está debidamente justificado. De forma educada fuimos finalizando el encuentro. Mi otrora amigo, ha realizado varios intentos de mantener contacto obviando la situación de la guerra existente, pero no me interesa lo más mínimo la amistad de quien se manifiesta ultranacionalista. Los ultranacionalistas no dejan de ser extremistas, de derechas o de izquierdas, y los extremismos nunca serán buenos. De la misma manera que el pueblo alemán amparó y fue socio necesario de las barbaridades del gobierno nazi, el pueblo israelí es culpable, con su silencio y por tanto su consentimiento, de las atrocidades cometidas con los palestinos. Han dilapidado pues su principal activo: el de haber sido víctimas de una barbarie. Ahora son ellos los que respaldan otra barbarie al convertir en víctimas a más de dos millones de desplazados que han visto como se destruían sus hogares y miles de vidas. Personas que han perdido a sus hijos, a sus hermanos o a su familia entera. Hijos que han perdido a sus padres, abuelos y hermanos. Hemos sabido de qué manera —enfermos, amputados o recién operados— eran obligados a huir sin medios, sin ambulancias, sin continuar tratamientos, con la débil esperanza de una fatídica supervivencia. Médicos que tienen que abandonar a hospitales y enfermos, o profesionales que tienen que operar sin luz y sin anestesia. Hemos visto llorar a un cirujano mientras amputaba la pierna a una sobrina suya sin ningún tipo de anestesia. ¿Alguien cree que existe un solo palestino que no amontone en sus entrañas toneladas de odio hacia los israelíes? La comunidad judía está perdiendo su principal activo como pueblo y a partir de ahora será recordada también por la acción genocida, por parte de Israel, en Gaza, porque es difícil que los ciudadanos del resto del mundo sepan disociar el estado de Israel de los judíos, siendo difícil abortar la propagación de un nuevo antisemitismo.

PD. Disculpad la extensión de esta entrada. El caso es que me pongo a escribir y a buscar información y luego es muy difícil resumir. En un tema tan complejo como este será normal que alguno de vosotros encuentre a faltar algún dato que consideréis importante o imprescindible y os pido disculpas por anticipado. Dedico más tiempo a seleccionar y diseñar de la información, que en escribir la entrada. Me siento muy satisfecho si habéis llegado hasta este punto. Y ya que os encontráis aquí, agradeceré vuestros comentarios. Recordad que si incluís el e-mail con el que estáis suscritos, aparecerá vuestro nombre, en caso contrario el comentario aparecerá como anónimo.


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10 comentarios en “El judaísmo dilapida su principal activo.

  1. No et segueixo gaire, Agustí, però en aquest cas et felicito. Difícil conflicte, difícil sol.lució, bona síntesi la teva explicació, i sols afegir que “aquest” conflicte és el que enverina tot el mon, i com ens deien a la Salle, “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”. Déu ens agafi confessats. Inch’alla. Ramon

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    • Gràcies, tant pel comentari com per una felicitació que valoro molt. Totalment d’acord amb el teu afegitó: l’equilibri és tan precari que en qualsevol moment pot deixar de sortir el sol. Si et sembla mirem per whatsapp de quedar per prendre un café el dia que ens vagi bé. Una abraçada.

      Agustí

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  2. Como siempre te lo has currado un monton. He necesitado leermelo 3 o 4 veces para asimilarlo en su totalidad, dada la extension del articulo.

    Te has metido en un tema muy delicado, desagradable y de rabiosa actualidad y te mereces un gran esfuerzo por mi parte para darte mi opinión mas sincera sobre lo que expones.

    Conociendote no me cabe ninguna duda de que has documentado a fondo sobre todos los hechos de cada bando que comentas, pero como, al menos a Mi, me está costando cada vez mas discernir la veracidad de las cosas, te he de decir que me supone un considerable esfuerzo dar como válidas algunas de tus aseveraciones sobre lo que está ocurriendo. Ya que lo mecionas, ni siquiera los Historiadores mas prestigiosos coinciden en las causas y las consecuencias de la llegada al poder de los nazis en Alemania y ya han pasado muchos años de ello por lo que siento incapacitado para repartir culpas de lo que está aconteciendo en Oriente Medio.

    También considero excesivamente simplistas los argumentos de que Ultranacionalismo = personas extremistas o sobre la culpabilidad general de la consecuencias de la historia de cada uno de los pueblos. El poner a todo un colectivo en el mismo saco acostumbra a no ser cierto en un porcentaje muy significativo de ese colectivo. En cualquier caso pienso que el subcolectivo que ocupa la parte superior de la piramide de cada Sociedad tien siemrpe mas influencia sobre lo que pasa, que el pueblo llano que en muchos casos no puede hacer mas que sobrevivir como puede

    En fin, se poco sobre el tema y no me he documentado demasiado al respeto, pero no paro de recordarme a mi mismo que la verdad absoluta no existe y que la vida no es mas que un conjunto de grises cuyos matices son percibidos de un modo distinto por cada uno de Nostros en funcion de nuestras circunstancias.

    Gracias por hacerme reflexionar. Te animo a seguir sacandonos de nuestra zona de confort.

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    • Muchísimas gracias, Toni, por tu masoquismo lector y por tu sesudo comentario.

      Efectivamente me he documentado con profusión a través de opiniones diversas: Daniel Barenboim como queda evidente, Shlomo Ben Amí (político, diplomático e historiador israelí. Miembro del Partido Laborista Israelí, ha sido ministro de Asuntos Exteriores de dicho país y fue el segundo embajador de Israel en España), Dov Waxman (profesor de Estudios de Israel de la Fundación Rosalinde y Arthur Gilbert en la Universidad de California, Los Ángeles, y director del Centro Younes y Soraya Nazarian de Estudios de Israel de la UCLA), Fleur Hassan-Nahoum (vicealcaldesa de Jerusalén), Espen Barth Eide (Ministro de Asuntos Exteriores de Noruega), Wikipedia (para los datos históricos), la web de la UNRWA, además de la prensa nacional y la CNN.

      Creo que en mi artículo no existe ningún posicionamiento hacia ninguna de las dos partes. En cuanto a los hechos me limito a hacer una fotografía de la situación actual, centrada en la guerra Gaza-Israel. Las culpabilidades en esta triste historia de más de 70 años deberían repartirse, no sé en qué porcentaje, entre israelitas, árabes y la comunidad internacional. No existe, en mi artículo, ninguna referencia sobre el ataque a Israel , al día siguiente de la proclamación de su independencia en 1948, a cargo de 5 estados árabes (Egipto, Transjordania, Siria, Líbano e Irak), tampoco de la Guerra de Suez en 1956, de la Guerra de los Seis Días de 1967, la de de Yom Kipur (1973), o las dos guerras del Líbano (1982 y 2006), las dos intifadas, las distintas guerras con Hamás y los conflictos permanentes con Siria e Irán. En el marco de la guerra Hamás-Israel, tampoco incluyo las ramificaciones del Líbano con Hezbollah, Yemen, Pakistán, Irán, Irak …

      De la relación de hechos que detallo, únicamente son discutibles, creo, dos aseveraciones que me encargo de reafirmar:

      1) La permisividad de Israel con los fondos que Qatar ha ido enviando a Hamás para su financiación. La realidad es que el propio ministro de Relaciones Exteriores de Qatar, Mohammed bin Abdulaziz Al.Khulaifi (uff), ha manifestado que seguirá realizando pagos a Gaza para apoyar el enclave. Fuentes israelíes respondieron señalando que los sucesivos gobiernos habían facilitado la transferencia de dinero a Gaza por razones humanitarias y que Netanyahu había actuado con decisión contra Hamas tras los atentados del 7 de octubre.
      2) La cifra de fallecidos por ambos bandos. Dado que la fuente en cada caso es el propio bando, debemos asumir que habrá un sesgo cifrado en un porcentaje que no creo disminuya la importancia de ambas barbaries.

      Como estudioso de la historia que eres, no tengo dudas de tu razón razón respecto a las causas y consecuencias de la llegada al poder de los nazis, pero en ningún momento hago referencia a ello. Lo que afirmo es que existía un clima anti judío entre la ciudadanía alemana y que cuando empezaron las deportaciones, no únicamente las vieron con buenos ojos, también la creación de guetos, y sino que aceptaron los beneficios de requisar sus propiedades. Ello no implica que fueran conocedores, en detalle, de lo que ocurrió en los campos de exterminio. Por tanto, el convencimiento de los judíos con los que he tenido la ocasión de conversar es de que lo realizado por Hitler con los 6 millones de judíos, contaba con el beneplácito de una mayoría del pueblo alemán. En mi tesis, y por comparación, lo que está ocurriendo con la barbarie de Gaza (no utilizaré la palabra genocidio porque no estoy de acuerdo con este tratamiento), está siendo consentido por los ciudadanos israelíes. Es cierto que han realizado grandes manifestaciones contra Netanyahu, pero lo fueron para que no se aprobara la llamada Ley de Razonabilidad por la que se eliminaba la competencia del máximo orden judicial para anular decisiones del Parlamento y del Poder Ejecutivo. Manifestaciones contra la guerra con Gaza, de momento ninguna. Las habrá cuando la ciudadanía no pueda soportar el número de bajas de los militares en la fase de invasión terrestre. Por tanto, el pueblo israelí es culpable con su silencio, de la masacre palestina, de la misma manera que los alemanes, con su silencio, lo fueron del holocausto. Si quieres lo discutimos, pero “quid pro quo”.

      La parte más subjetiva del artículo es mi calificación de los ultranacionalistas como personas extremistas. En mi opinión, simplista si quieres llamarla así, el término “ultra” significa “lo que está más allá”. Ultramar: lo que está más allá del mar, ultraligero: lo que es más que ligero, ultraderecha: más allá de la derecha, ultrasonido: más allá del sonido, ultras: más allá de lo deportivo. Entonces, ultranacionalista significa indefectiblemente: más allá del nacionalismo o, lo que es lo mismo, nacionalismo extremo. Bueno, yo creo que a los nacionalistas extremos los podemos poner bastante juntitos de la misma manera que si aceptamos un tipo de ultranacionalismo, aceptaremos también, no nos queda otra, el ultranacionalismo contrario. Es ahí donde me siento cómodo afirmando que dos países con gobiernos ultranacionalistas antagónicos, es imposible que quieran ponerse de acuerdo pues dejarían de tener razón de ser. Así pues la solución de los dos estados es imposible en la actual situación geopolítica.

      Ya lo dejó escrito Salvador Espriu en “Primera història d’Esther” cuando dirigiéndose al Altísimo le dice: “Penseu que el mirall de la veritat s’esmicolà a l’origen en fragments petitíssims, i cada un dels trossos recull tanmateix una engruna d’autèntica llum”.

      Una forta abraçada i gràcies de nou.

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  3. Qué capacidad y paciencia que tienes para documentarte, teniendo en cuenta la facilidad con que unos pocos ejercen influencia (casi siempre mala) sobre multitudes, no hay más remedio.

    Ánimo y sigue removiendo nuestras cabezas.

    Un abrazo

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    • Paciencia la tuya por leerme. Y sabes que la capacidad media de concentración ronda los 60 segundos actualmente en una persona adulta. La documentación sobre un tema tan complejo como éste nunca es suficiente. Existen muchos matices, pero no en todos los conflictos se tiene la posibilidad de hablar largo y tendido con alguna de las personas claramente posicionadas, como ha sido el caso. Existen activas 59 guerras actualmente, algunas con muchos más fallecidos que la árabe-israelí. Un fuerte abrazo y muchas gracias por tu comentario.

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  4. Agustí: Excelente trabajo de documentación y exposición del relato de lo que esta aconteciendo en Gaza y del consiguiente exterminio de la población palestina y muy acertada tu tesis en cuanto que los judíos están dilapidando su principal activo como pueblo y que a partir de ahora serán recordados también por lo que están haciendo en Gaza.

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    • Muchas gracias, Anónimo, por tu comentario. Aunque existen tímidas manifestaciones de algunos judíos fuera de Israel, los ciudadanos del propio estado únicamente se están manifestando para exigir la liberación de sus rehenes. No les importa nada la forma en que lo hagan. Lo que están haciendo en la Franja de Gaza, a mi entender no tiene más nombre que barbarie, y las barbaries las cometen los bárbaros. ¿Quizás son un pueblo elegido para cometer barbaries pero que no las cometan con ellos?

      Saludos y gracias de nuevo.

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