¿Escuchar o hablar?

El inicio de una relación es determinante para su evolución. Cuando empezamos a leer un libro se inicia una relación entre autor y lector. Su primer párrafo nos predispondrá a continuar esa relación, a darle una oportunidad para «ver si se arregla» o a romper con ella. Uno de los principios que recuerdo con más placer es el de Orgullo y prejuicio, la extraordinaria novela de Jane Austen: «Es una verdad universalmente aceptada que todo soltero acaudalado necesita una esposa». Es en su homenaje que escribo: «es una verdad universalmente pendiente de aceptar, que toda persona que no sienta placer al escuchar música tiende necesariamente a ser un palizas».

Existen dos términos clínicos para referirse a la ausencia de necesidad musical:

  • Anhedonia específica de la música, es decir, incapacidad específica de experimentar placer por escuchar música.
  • Amusia. Condición en la que una persona es incapaz de reconocer diferentes aspectos relacionados con la música. Las primeras descripciones datan de 1865, cuando se definió como ‘agnosia musical’.

Mientras redactaba este escrito encontré un artículo de Roberto Dumois que precisamente hace referencia a las ventajas de lo que ya denominé «escucha activa» en una anterior entrada. Transcribo un párrafo:

Al final, aprender a escuchar música “clásica” no es sólo un pasatiempo, sino que se convierte en una herramienta indispensable para ejercer la escucha consciente que cotidianamente tenemos que realizar con nuestros interlocutores… “No importa el campo de acción en que nos desenvolvamos…”

La teoría de los palizas amusíacos la he podido comprobar a lo largo de mi existencia con numerosos personajes. Es más, cuando me he preguntado cual era el factor común entre ellos he llegado a la conclusión de que era su falta de interés por la música.

Aquí conviene, una vez más, diferenciar escuchar de oír. Hago esta aclaración porque actualmente el verbo «oír» ha desaparecido totalmente de nuestro lenguaje y se utiliza únicamente el de escuchar. Mientras que oír hace referencia a la función física del oído (que no escuchador), escuchar hace referencia a prestar atención a lo que se oye. Cuando vamos al otorrino, vamos al médico del «oído, el órgano que sirve para oír, y no vamos al médico del «escuchador». ¡No te escucho! – Pues préstame atención – Igualmente, decimos «no te veo» en lugar de «no te miro», frase que sería totalmente absurda. Por tanto lo correcto es decir «no te oigo» o preguntar «¿me oyes?», en lugar de «no te escucho» o «¿me escuchas?» Lo siento pero me pone extremadamente nervioso el mal uso de las palabras y que este uso se popularice totalmente. Nuestra forma de hablar es la que trasmitimos a la juventud; luego viene PISA, morena y con garbo.

Pero avancemos. El mundo se divide así entre los que escuchan y los que hablan; entre los que son capaces de experimentar placer escuchando y los que solo lo experimentan haciendo escuchar a los demás. Bien es cierto que existen palizas cuya verborrea tiene interés, pero convengamos que la mayoría de las ideas pueden ser expresadas con un 50 – 60 % menos de palabras, algo que sería muy de agradecer. Eso sí, sin llegar al extremo de utilizar titulares o esquemas propios de X (hasta el año pasado Twitter).

En una conversación, el palizas detiene su discurso muy de vez en cuando invitándote a expresar tu opinión. No nos engañemos. No se trata de un acto de generosidad sino de una pausa que tiene como motivo o bien obtener alguna adulación para mostrar una modestia poco creíble o un receso que el cazador necesita para recargar su arma; es decir para enarbolar su siguiente andanada.

Alguien podrá decir: ¡Bueno… pues vaya palizas nos cuentas tú en tus articulitos! ¡No confundamos! Son dos medios de expresión completamente distintos. En la escritura solo comunica el que escribe. Sus pausas pueden duran horas e incluso días y pueden producirse entre palabra y palabra por no encontrar el calificativo preciso o por tener que ir al baño. ¿Alguien se imagina una conversación del tipo: «voy a repetir esta última frase porque la subordinada ha quedado mal expresada y, además, el ritmo de las palabras no es el adecuado»?

Como en todo, el equilibrio está en el punto medio, aunque si no has desarrollado la capacidad de escuchar difícilmente podrás hacer nada que no sea desequilibrar la balanza. Además, el escuchador normalmente se amedrenta frente al alud de palabras y, sabiendo que serán inútiles sus esfuerzos, tiende a la auto-represión, elevando ficticiamente la autoestima del orador que confundirá silencio con admiración.

Existen escuchadores especializados en acrecentar el narcisismo de los incontinentes: los aduladores. Y es que, como escribió Shakespeare, «el que gusta de ser adulado es digno del adulador»

Empecé con una escritora británica y acabé con un escritor de la misma tierra. Inglaterra inspira.

PD. Feliz 2024 a todos. Estés en un lado o en el otro, lo importante es comunicarse, negociar y llegar a acuerdos. Shakespeare también dejó escrito que «todas las personas durante su vida experimentan muchos papeles» y que «el cobarde muere muchas veces antes de morir». Salud y coraje.


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3 comentarios en “¿Escuchar o hablar?

  1. Agusti. Em sembla que la traducció al català es automàtica. Això fa que algunes coses no s’entenguin be. El que passa es que, per alguna raó, el blog em passa automàticament al català. Potser es que m’ensuma…
    Hi ha manera de llegir l’article directament de l’idioma en que està redactat ?
    Afectuosament,
    Frederic Girós
    PS: Bon any 2024

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    • Bon any Frederic. No sé que pot passar. No tinc donada csp instrucció de traducció automàtica. Poder la tens posada al teu navegador. Et passo la URL del Blog, que pots introduir directament des de qualsevol navegador. En últim extrem, entrar d’incognit desactiva molts automatismes. Sento que et digui tan complicat tot i que d’aquesta manera valoro encara més el teu interès. http://www.miazotea.com

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  2. Pingback: Felices Fiestas y un fantástico 2025. | MI AZOTEA

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