Premios que destruyen

Consorci de Biblioteques de Barcelona / Eva Guillamet-Montse Giralt

La biblioteca del barcelonés barrio de Sant Martí, Gabriel García Márquez, ha sido nombrada mejor biblioteca pública mundial 2023, de lo que teóricamente nos tenemos que congratular. La decisión ha sido tomada por el Congreso Mundial de Bibliotecas e Información, organizado por la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias (IFLA), celebrado en Rotterdam. Realmente la biblioteca es una maravilla; espaciosa, luminosa, área para comidas, buena wi-fi, multi espacios, con terrazas, vegetación, construida totalmente en madera, con criterios ecológicos, 6 plantas, emisora de radio propia, especializada en literatura sudamericana, aunque no excluyente, salas de reuniones, cómoda y con un espacio dedicado al cómic con más de 500 ejemplares, que lleva por nombre «Racó Francisco Ibáñez«, entre otros muchos aspectos reseñables.

Mi cónyuge y yo estuvimos durante cierto tiempo visitando las numerosas bibliotecas de Barcelona así como algunas del resto de Catalunya. En realidad, siempre procuramos visitar bibliotecas cuando viajamos. El día 28 de mayo del año año pasado asistimos a la inauguración de la Gabriel García Márquez. Vimos el paseo de las autoridades, los abucheos a la entonces alcaldesa Ada Colau y al propio Ibáñez, recientemente fallecido e hijo ilustre del barrio de Sant Martí dels Provençals. Después de dar una vuelta por las instalaciones, quedamos absolutamente prendados del espacio, especificidad de la arquitectura. Tal fue nuestro entusiasmo que durante la mayoría de sábados del resto del año implementamos una rutina consistente en estar toda la mañana en la biblioteca e ir al cine por la tarde. En las mesas de esa biblioteca escribí la mayoría de los artículos de este blog.

Su directora, Neus Castellano, afirmó a la Agencia EFE, cuando la biblioteca fue nominada al premio en mayo de 2023, que a raíz de este suceso «había aparecido como una especie de turista de biblioteca fácilmente identificable, porque entraba mirando hacia arriba»(El Español). Actualmente, la avalancha de turistas ávidos de fotografiar sus espacios y de hacerse selfies figurando leer un libro, parece que ha perturbado la paz de los habituales usuarios, siendo probable que se acaben imponiendo medidas para garantizar la sostenibilidad de una biblioteca creada como paradigma de eso, de la sostenibilidad. Habrá que esperar a que amaine, salvo que queramos reconvertirnos en instagramers que fotografían a instagramers haciendo fotos a un awesome place, antes de volver a aparecer por uno de nuestros rincones favoritos.

En este orden de cosas, no es de extrañar que los alcaldes de localidades como Rupit, en la comarca de Osona (Barcelona), y Siurana, en la del Priorat (Tarragona), hayan declinado que sus municipios pasen a engrosar la lista de «Los pueblos más bonitos de España». La cantidad ingente de turistas que propiciaría aparecer en la lista, no compensaría las inversiones a realizar para reparar los estropicios causados por el desgaste, incrementar seguridad y otros servicios o habilitar más zonas de aparcamiento, ni las molestias causadas a sus habitantes. El alcalde de Cornudella del Montsant, municipio del que depende administratiamente Siurana, manifestó: «No podemos masificar más la zona, porque la orografía es la que es y porque perjudica incluso al turismo de calidad», y añade que «hay que respetar la idiosincracia del pueblo y preservar el medio ambiente». Y todo esto para que la mayoría de visitantes lleguen, hagan cola en los rincones más icónicos, se hagan la selfie y se marchen. A pesar de ello, ambos municipios son ya destino masivo del turismo tradicional y, si bien existe mucha selfie, los comercios no están descontentos.

«El efecto instagram colapsa el paraíso» fue el titular de una noticia que publicó el periódico La Vanguardia el 13 de agosto refiriéndose al Caló des Moro, en Mallorca. «Una pequeña cala en la zona del levante de Mallorca que parece una piscina azul turquesa varada en el Mediterráneo, el Caló des Moro, se ha convertido en el ejemplo de cómo Instagram ha transformado parajes idílicos de las islas en un infierno de masificación. Allí se acomodan cada día cientos de jóvenes que hacen cola para acceder a los escasos 30 metros lineales de fina arena blanca. Muchos de ellos ni siquiera bajan a la playa: llegan al acantilado, se hacen la foto que colgarán en sus redes sociales y se van. La consecuencia es que lo que antes era una tranquila zona de veraneo para los residentes que tienen allí una casa es ahora un incesante ir y venir de vehículos que generan atascos y molestias». Otro lugar del que los conocedores exclusivos del privilegiado rincón no volverán a disfrutar jamás. Los tiempos en que «descubrías» algún lugar encantador (una pequeña cala, un establecimiento agradable en el que se comía bien y barato, una pequeña ermita en un bonito rincón o un hermoso sendero paralelo a un riachuelo) y procurabas mantenerlo en secreto para poder disfrutarlo sin gente, que es como más se disfrutan la mayoría de las experiencias, han terminado. Si nos encontramos a gusto con un sitio que nos encanta, somos tan estúpidos que lo subimos rápidamente a las redes para que al día siguiente se formen colas que nos impedirán volver a disfrutarlo.

Ejemplos los hay a patadas. La librería Lello, en Oporto, es considerada por algunos como la librería más bella del mundo. Las colas para entrar en ella y hacerse la selfie de turno son de tal magnitud, que los propietarios decidieron cobrar 5 € para entrar, importe que se descontaría del coste de sus compras en el caso de que realizaran alguna. A los que hemos recorrido tranquilamente sus rincones contemplando su belleza y curioseando los ejemplares en venta (allí compré «A Caverna», mi primer libro en portugués), no se nos ha ocurrido volver a entrar para codearnos, literalmente hablando, con el resto de visitantes.

Un ejemplo más cercano lo tenemos en la charcutería Queviures Múrria, una tienda centenaria de Barcelona que su propietario decidió, hace poco, reconvertir en charcutería de degustación. La cantidad de intrusos es tal, que decidieron poner un cartel a la entrada al más fiel estilo Lello: «Visit just looking (inside), 5 € x person, thank you». De esta manera los clientes que entran a degustar pueden conseguir su propósito con cierto sosiego y sin tener un trasero a dos centímetros de su nariz.

Los amantes de la tranquilidad no podemos obtenerla ni en las alcantarillas. En Barcelona puedes hacer una reserva en este link para visitarlas.


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5 comentarios en “Premios que destruyen

  1. La masificación en lugares bonitos es molesta, pero igual sólo se puede conseguir controlarla pagando, y eso tambien molesta, hace años sólo viajaban los priviligiados, ahora no.
    Por otro lado las redes y la comunicación también hacen que todo el mundo vayamos a los mismos sitios, total que formamos parte de las masas molestas 🥴

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  2. Pingback: Felices Fiestas y un fantástico 2025. | MI AZOTEA

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