Cine de verano

Coincidiendo con las olas de calor nos ha llegado una de películas. Inauguro con este post un nuevo espacio para compartir con vosotros las sensaciones y reflexiones a raíz de mis incursiones en las salas cinematográficas. La idea era publicar este escrito al finalizar el mes de julio, pero ver Oppenheimer en el tipo de sala que recomienda su director ha complicado este propósito (70 mm o Imax).

Indiana Jones y el dial del destino.

Si lo pensamos con frialdad, cualquiera que se haya acercado al cine a verla sin haber vivido la evolución del profesor Jones, se encontrará una película de aventuras protagonizada por un abuelo en el papel de superhéroe y por tanto poco creíble, pero esta peli de final de ciclo tiene un elemento de nostalgia para los que hemos disfrutado con el personaje. No tiene nada que ver con el guión y la dirección de las tres primeras entregas, en parte porque es la primera de la saga que no dirige Spielberg, ni está Lucas como co-guionista, y eso tiene que notarse a la fuerza. Carece del ritmo necesario y característico de sus antecesoras, ese ritmo vertiginoso «nos stop» que no da tiempo a pensar. No obstante es una superproducción de muy buena factura con el añadido de un final sorprendente que pasa por Siracusa y su «Oreja de Dionisio», una cantera que fílmicamente se convierte en una serie de grutas con aguas subterráneas, puentes y tesoros, escenarios característicos de las indianadas. En realidad es una simple obertura en la roca, que el tirano Dionisio I de Siracusa utilizó como cárcel. Siguiendo la paridad imperante, Indiana tiene como portentosa compañera de aventuras a su ahijada, interpretada por Phoebe Waller-Bridge (la protagonista de la serie Fleabag), pero el tándem no consigue nunca crear la química necesaria. Una película para nostálgicos aunque también para pasar un buen rato, que no es poco. El final es lo mejor y como no podía ser de otra manera, lo decide la ahijada y no Indiana.

Las ocho montañas

Una sosegada película de más de dos horas y media que trata de la amistad entre Bruno, el último niño de un recóndito pueblo de montaña, y Pietro, un chico de ciudad que pasa allí los veranos. La primera parte nos cuenta la gestación de la amistad entre ambos, mientras que la segunda nos muestra la evolución de su carácter y su relación de madurez. En palabras de la crítica seria, se trata de una «brillante historia iniciática sobre el poder de la amistad», una amistad entre dos hombres, aclaro. La espléndida fotografía retrata la épica de una naturaleza magnificente y cambiante en función de las estaciones del año en contraste con la dimensión humana, a la vez que establece un vínculo irrompible entre los dos amigos, como si la amistad fuera una cadena montañosa que adopta distintas formas en función del clima vital de cada uno. La elección de Bruno recuerda en cierta medida la del protagonista de «Hacia rutas salvajes». En resumen, una historia que se cuece a fuego lento, bien narrada, serena y también desgarradora. El formato de pantalla es el cuadrado, lo que ayuda a crear atmósferas intimistas y a no actuar como recurso amplificador de una naturaleza apabullante, permitiendo así tratar el paisaje como un personaje más de la historia.

Misión imposible: sentencia mortal (parte I)

Esta última entrega da al espectador todo lo que espera: acción a raudales, emoción, fantasía, alguna dosis de humor, buenas interpretaciones y banda sonora bien ubicada. Son casi tres horas de entretenimiento puro, de cine clásico casi se podría decir si no fuera por el uso del CGI. Una entrega que no defrauda, con todos los tópicos de la saga, en la que lo más imposible, más que la misión, son las barbaridades que ejecuta el súper-espía hasta el extremo de sacarte alguna risa. Un buen espectáculo.

Barbie

Le tenía ganas desde que empezaron a pasar trailers hace ya algunos meses. Además, ¿cómo perderse las interpretaciones de Margot Robbie y Ryan Gosling? Soy fan absoluto de Robbie per películas como El escándalo o la prodigiosa Babylon. Y, ¿qué se puede decir de Ryan Gosling? Además, desde que Boris Izaguirre difundió que Gosling tenía altas las caderas, cada vez que alguien me llama Julián Muñoz ya puedo corregirle.

Hay algo de anticipo a partir de ahora.

Barbie arranca francamente bien con su tributo a 2001: Una odisea en el espacio, aunque probablemente gran parte del público objetivo no tenga este referente, lo que puede provocar que los espectadores vean unas mono-nenas destrozando muñecas-bebé y la aparición de una muñeca-adulta de tamaño gigante como repuesto. La secuencia está magníficamente filmada, casi diría que al milímetro (puedo decirlo por la cantidad de veces que he visto la película original): decorado, movimientos, música y alineación planetaria. Son diversas las referencia fílmicas que pueden entreverse. Tal parecería que se estaría buscando encandilar a los miembros de la Academia para ganar simpatías.

A mi juicio existen dos secuencias excelentes a lo largo de las casi dos horas que dura Barbie: la inicial ya referida y la del monólogo feminista de América Ferrera sobre lo que significa ser mujer. Vaya, que ya hubieran querido tenerlo escrito Yolanda Díaz y Pedro Sánchez para responder a la pregunta Abascaliana de «qué es una mujer». Aparte de esto, vestuario, decorados y poca cosa más, alguna broma esporádica y una película sin tensión de ningún tipo. Al igual que Pinocho, Barbie se convierte en ser humano y en la escena final va al «gynecologist», cuya traducción al español no es objetiva, y es que los artículos complican una barbaridad la igualdad de sexos.

Maricel Cahavarría, que no es crítica de cine, sino especialista en temas de igualdad entre sexos, dice sobre Barbie: «El mensaje es de feminismo de P3, y hasta Mattel, la fabricante de Barbie, puede reírse de sí misma con el gag tontorrón de hombres torpes. Por lo demás, Gerwig participa del pensamiento misógino que, como advierte la filósofa Alicia Miyares, opera siempre igual: define lo que es ser mujer e impone a las mujeres que se adapten a la definición.»

Se me ocurre un final mejor y más feminista: Un Ford Thunderbird cargado de todos los modelos de Barbie lanzándose al abismo del Gran Cañón. Lo que es evidente para mí es que nos encontramos con una operación de blanqueo en la que debe quedar claro que se puede ser feminista y regalar muñecas Barbie a tus hijas por Navidad, como va a ocurrir sin ninguna duda este próximo invierno.

¿Recomiendo ver Barbie? Sí. Incluso hay quien ya pide el Óscar para Gosling.

Oppenheimer

El cine de Christopher Nolan tiene sus admiradores y sus detractores. La única crítica que no es posible hacerle es que su cine sea indiferente al público. Si tuviera que escoger alguna película de Nolan no me quedaría, hasta la fecha, con una sola: Origen, Dunkerke, algunas escenas memorables de Interestelar y su Caballero Oscuro reflejarían mis gustos. Pero Oppenheimer es otra cosa: la película perfecta, una obra de arte maestra de la que algunos dicen es el mejor largometraje de lo que va de siglo. Tres horas de una fotografía deslumbrante (la pantalla gigante de Imax ayuda), usando de forma alternativa el color y el blanco y negro para narrar la visión subjetiva del protagonista (color) y la del narrador de la historia (blanco y negro), en palabras del propio director.

«Rodábamos muchas de nuestras pruebas de maquillaje y peluquería usando blanco y negro, y después nos íbamos al proyector de películas IMAX en CityWalk para verlas ahí», ha contado el cineasta: «Nunca he visto nada igual. ¿Ver una imagen de cine tan grande en blanco y negro? Es maravilloso». Y realmente lo es.

El discurso visual está construido de tal manera (principalmente en las dos primeras horas) que no tienes tiempo para digerir tan cantidad de emociones estéticas. Me recodó en cierta manera el cine de Terrence Malick, cuando quiere mostrar las fuerzas desatadas. No existe en toda la película ningún efecto especial digital, siendo todo cine a la manera clásica. La magnífica banda sonora subraya con calidad y fuerza las escenas e incluso es utilizada (algo que no recuerdo haber visto nunca) para conseguir con ella, en una escena del juicio para renovar las credenciales a Oppenheimer, que el diálogo experimente una tensión in crescendo extraordinaria (se me agotan los calificativos).

A todo esto debemos sumar un guión milimetricamente diseñado, unas actuaciones de altísimo nivel con gran elenco entre los que sobresalen Cillian Murphy, Emily Blunt y Robert Downey Jr. que está absolutamente insuperable.

El macartismo tiene un papel especial, así como el debate interno entre moral y ciencia del propio Oppenheimer, enriquecido con los momentos puntuales en que aparece Albert Einstein, colaborador necesario. Así, nos encontramos, además de con un biopic, con una película que analiza un momento histórico crucial en la historia de la humanidad y lo hace desde distintos puntos de vista que incluyen, como no, la mezquindad política y la falta de escrúpulos que de los científicos hace el poder. «El mundo no recordará a quien fabricó la bomba atómica sino a quien ordenó lanzarla».


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5 comentarios en “Cine de verano

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